Las pilas de Konoplyanka

  • Ni fuera ni dentro sino todo lo contrario, la continuidad del ucraniano en la planificación de la próxima temporada a día de hoy es una incógnita. Emery exige rendimiento ya y no espera.

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Tanto en público como en privado, Unai Emery ha elogiado su actitud positiva de cara al trabajo, su buena disposición para aprender en una Liga exigente y desconocida para él y su carácter abierto, nada frío pese a su procedencia. Eso es una realidad como también lo es que competitivamente Konoplyanka no ha dado el nivel que se esperaba cuando tantas ilusiones y esfuerzos se pusieron en su fichaje.

Parece una paradoja y nadie el verano pasado cuando el Sevilla se embarcó en su complicada contratación podía imaginarse que con el ucraniano en la plantilla su continuidad en el grupo que comanda el técnico guipuzcoano podría ponerse en duda, pero la verdad es que hay muchas conjeturas a su alrededor. A Emery le pide el cuerpo pedir que se lo saquen del equipo y hasta ha deslizado algo parecido si llega una oferta interesante, aunque también es cierto que no se opondría a que se quedara teniendo en cuenta la calidad que atesora y que tiene una Eurocopa por delante para demostrar de lo que es capaz. Es evidente que el entrenador nervionense, como todos los sevillistas, estará muy pendientes de cada paso de Konoplyanka en Francia -con otros ojos, lógico-, pero el comportamiento en el campo durante su primer año fuera de Ucrania ha dejado muchísimo que desear y pone en duda hasta su continuidad pese a la estratosférica inversión realizada en su fichaje.

En el club hay cierta tranquilidad en este caso porque se trata de un jugador con un inmejorable posición en el mercado pese a su mal año y ayer mismo se erigía en héroe en el amistoso que su selección jugó ante Albania (1-3 con gol y asistencia). Encima, está la bala de la Eurocopa y nadie duda -mucho menos Emery- de que el extremo tiene dentro lo necesario para hacer saltar todo por los aires en cualquier momento con desborde, velocidad, disparo, talento y un descaro fuera de lo común. Digamos que su situación preocupa poco, o menos que la de otros, pero ahora mismo nadie puede asegurar con rotundidad que Konoplyanka iniciará la temporada 16-17 a las órdenes de Emery en la plantilla del Sevilla.

Su implicación en las tareas defensivas ha sido el caballo de batalla con él durante todo el año, como el propio Dimitri Cheryshev ha reconocido en su despedida al confirmarse que no seguirá en el cuerpo técnico, pero no sólo ha sido eso, ya que cuando se le ha pedido que dejara su impronta en el juego de ataque en partidos importantes tampoco ha cogido el toro por los cuernos. Ejemplos recientes están en Donetsk o en la mismísima final de la Copa del Rey.

El fútbol que cuece Emery en el Sevilla es altamente exigente como para estar a expensas a que Konoplyanka tenga su día y el técnico, con buen criterio, ha dejado claro que o el ucraniano se pone las pilas de verdad o prefiere dar vía libre al club para que negocie el importante activo económico que va parejo con él para emplearlo en otras necesidades del equipo.

Ésa es la situación con un jugador al que le quedan cuatro años de contrato y que tiene una de las fichas más altas de la plantilla. Es evidente que, como ocurre siempre que un jugador no cuaja en su nuevo equipo, otros clubes están atento a su situación y por ahí al Sevilla no le van a faltar novias, pero qué duda cabe que las cuentas que se hicieron al principio no han salido. Su cláusula de rescisión es de 40 millones de euros y el mercado está con él porque sus condiciones son para volcarse, pero Emery no entiende de eso, sólo de rendimiento. Y en ses sentido o se pone las pilas o...

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