Murdoch busca la salvación

  • Inmerso en una sucesión de escándalos, el magnate australiano de los medios de comunicación ha tenido que dividir su imperio ante las presiones de los accionistas

Admirado u odiado: Rupert Murdoch divide los ánimos. Por un lado, hay pocos directivos en el sector de los medios tan receptivos a introducir novedades como el magnate, de 81 años. Así fue como se convirtió en el primero que lanzó el primer periódico -The Daily- diseñado exclusivamente para iPad.

Por otro lado, Murdoch está al frente de medios ultraconservadores como la emisora estadounidense Fox News y es considerado un referente político.

Sin un cierto ímpetu, Rupert Murdoch no hubiese logrado crear casi desde la nada uno de los conglomerados mediáticos más grande del mundo, con cine, televisión, diarios, libros y medios on line en todo el planeta. Ante todo en su patria, Australia, en su lugar de residencia, Estados Unidos, y en Reino Unido su poder es perceptible. Tiene contactos estrechos con la élite política y hasta afirma que podría ganar elecciones con su poder.

Podía, sería tal vez ahora la mejor expresión. Y es que el escándalo de escuchas ilegales que involucró a su diario dominical británico News of the World dañó seriamente la imagen de Murdoch.

De pronto, ya no era bien visto, y hasta era peligroso para la alta sociedad londinense ir a comer con el magnate de los medios.

Así, ante un comité de investigación, el primer ministro británico, David Cameron, intentó recientemente evitar cualquier impresión de que tenía demasiada cercanía a Murdoch.

Por momentos hasta surgió la duda de si el multimillonario no debía renunciar a la presidencia de News Corporation.

Pero Murdoch no se da por vencido tan fácilmente. No piensa en dejar la empresa, dijo en el punto culminante de la crisis, ya que al fin y al cabo "manejó extremadamente bien los problemas y no hubo daños que no pudieran ser reparados".

Y Murdoch reparó los daños, al menos los comerciales: News Corporation brilló recientemente al registrar más facturación y ganancias. Así dejó mudos por el momento a los críticos en sus propias filas.

Como fundador de la empresa, Murdoch controla hasta hoy el 40% del derecho de votos del conglomerado, que cotiza en bolsa. Contra su voluntad no se hace nada. Esto tampoco cambiará con la división de News Corp.

Después de todo, ¿a quién le debe entregar Rupert Murdoch el cetro? En realidad, su hijo James era considerado el príncipe heredero, pero justo él dirigía los negocios en Reino Unido y tuvo que renunciar allí por presión política. Con esto, está descartado, al menos como presidente del conglomerado.

De los hermanos mayores de James, ninguno se ofrece. Y es que la relación del hermano mayor Lachlan y de la hermana Elisabeth con su padre no es precisamente muy buena. Por lo tanto, a Murdoch no le queda otra opción que seguir dirigiendo los destinos de News Corp.: como jefe del sector de cine y televisión y como mayor accionista de su querido sector editorial.

Durante 60 años, Murdoch amplió su negocio comprando un medio tras otro. Desde Australia tendió sus redes a Estados Unidos, de ahí a Reino Unido y después a otros países. Pero los días de su actual modelo de negocio parecen contados: el jueves tuvo que dividir sus dominios en un negocio de cine y televisión y en una editorial. Murdoch se había negado hasta ahora categóricamente a fraccionar su obra vital.

Pero para muchos accionistas el negocio editorial es una piedra en el zapato. Los diarios y la editorial Harper Collins generan muchos menos beneficios que los éxitos de taquillas o los millones procedentes de la publicidad televisiva. En los últimos tiempos el negocio editorial sólo generó una cuarta parte de la facturación de todo el grupo, una tendencia además en declive puesto que cada vez son más las personas que se informan a través de internet.

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