Los 'aliens' llegan a la Antártida

  • El continente helado se enfrenta ahora, debido a una presencia humana más intensa y a la elevación de las temperaturas, a la arribada de nuevas especies · Los científicos alertan de la fragilidad del ecosistema

Los aliens llegan a la Antártida. Diversas especies vegetales y animales (incluidos los científicos y los turistas) están terminando con el aislamiento del gran continente helado. Semillas, esporas, líquenes y musgos jamás detectados en tierras antárticas están empezando a prosperar. La Antártida es bien conocida por los pingüinos, las focas y las ballenas, pero los científicos están encontrando ahora nuevos seres vivos, eso sí, de tamaño mucho más reducido. Por ahora.

Los científicos temen que esto no sea más que el principio de un proceso conectado al cambio climático y no se sienten capaces de aventurar qué influencia podría tener en el ecosistema antártico la llegada de plantas europeas, aunque sólo sean malas hierbas. Así, la agrostis stolonifera "es una especie que crece en cualquier parte, en realidad ya está en la mayoría de las islas antárticas", asegura Dana Bergstrom, de la División Antártica Australiana, que dirige un proyecto internacional sobre especies invasoras. La hierba colonizadora en cuestión "podría llegar a originar manchas de césped", precisa esta investigadora de la ecología antártica. La llegada de especies invasoras no es nada nuevo en la historia del planeta, desde los conejos en Australia al mejillón cebra en el delta del Ebro o el cangrejo rojo americano en el Guadalquivir. Simplemente, la Antártida es ahora un posible objetivo.

"La Antártida es el último bastión de un medio ambiente prístino en comparación con el resto del mundo", explica Bergstom. "Esta tierra ha estado aislada gracias al océano, pero la gente está empezando a romper esa barrera". Y con la gente llegan, prendidos en sus ropas, otros visitantes en forma de semillas de plantas, esporas de hongos o huevos de insectos. Desde tan lejos, los aliens de la Antártida están afianzándose en las islas que rodean el continente helado, aprovechando que desde décadas recientes se están calentando. Entre las especies más dañinas están los renos establecidos en Georgia del Sur y las ratas y los gatos establecidos en la isla Macquarie, según la opinión de Bergstrom.

Los investigadores quedaron además sorprendidos recientemente cuando comprobaron en pleno territorio antártico que había crecido la hierba debajo de un cobertizo de una misión científica japonesa. Otro ejemplo registrado de este fenómeno es la detección de plantas invasoras cerca de una estación rusa y de una sorprendente variedad de hongos junto a las instalaciones de una estación australiana.

A pesar del cuidado en intentar detener esta invasión de especies foráneas, el esfuerzo cada vez es más en vano, dado que el número de visitantes crece. "Nuestras flores son de plástico, no nos está permitido traer con nosotros nada vivo", dice Atle Markussen, director de la estación de investigación científica Troll, ubicada en un sector reclamado por Noruega [todas las pretensiones de soberanía territorial están en suspenso por un tratado internacional de 1959]. "Las restricciones sobre especies foráneas son muy rígidas", explica. A pesar de ello, y con temperaturas que en verano no superan los 10 grados bajo cero, en las montañas que rodean la base, a 250 kilómetros del mar, ya pueden verse miles de petreles; esas aves de costa traen en sus plumas nuevos líquenes que ahora crecen en las rocas.

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