Más de 250 bandas juveniles están arraigadas en las grandes ciudades

  • Los grupos se asientan sobre todo en Madrid y Barcelona, pero el fenómeno también se extiende a la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Aragón · La prevención es lo principal ante la alarma social

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El fenómeno de las bandas juveniles desembarcó en España hace cinco años, aunque en el caso de las latinoamericanas en versiones menos feroces que sus originarias, y se han asentado en las grandes capitales, donde estarían actuando más de 250 grupos.

Según la juez de menores Concepción Rodríguez González, las bandas en España podrían clasificarse en aquellas que tienen una ideología definida: de extrema derecha (se habrían identificado 47 grupos) y de extrema izquierda (70), y las latinoamericanas, que, en 2007, podrían haber ascendido a 150.

Se asientan sobre todo en Madrid y Barcelona, pero el fenómeno también se está extendiendo en los últimos años a la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Aragón.

Su implantación en Europa es reciente y a diferencia de las que actúan en Latinoamérica son menos peligrosas porque no están vinculadas al tráfico de armas y de drogas, explica la juez que ha intervenido esta semana en unas jornadas sobre la violencia escolar y grupal de la Universidad Pontificia de Comillas.

Según datos de la Europol, en el año 2002 el número de bandas en Europa ya superaba las 4.000 y la cifra de menores que las integran eran más de 40.000. En España, se observa un aumento de las bandas procedentes de Latinoamérica que en 2006 eran 20 y el pasado año ascendían a 150, explica la juez de menores, aunque también lo han hecho las vinculadas a la extrema izquierda (que han pasado de 30 en 2006 a 70 en 2007) y a la extrema derecha (de 18 a 47).

Las bandas están integradas por jóvenes de entre 14 y 23 años, de género masculino (sólo hay un 10% de mujeres que desempeñan un papel auxiliar) y un tercio sólo permanece más de un año. Son urbanas y están jerarquizadas: encabezadas por un líder -que puede ser adulto-, con mandos secundarios y muchos aspirantes.

Se financian por cuotas aportadas por sus miembros, tienen características de las sectas y son la cantera para la delincuencia organizada. El origen está en EEUU, a principios del siglo XIX, su entrada en Europa se produce en el año 2000 "de la mano de la reagrupación familiar" y unos años después en España, expone la juez.

El asesinato de Ronny Tapias cuando salía de su instituto, el 28 de octubre de 2003, dio la alarma de la llegada de estas bandas.

"No te lo podías creer cuando leías los atestados policiales de lo que sucedía en el entorno de esos grupos de menores", explica el fiscal de menores Francisco Manuel García Ingelmo, quien reconoce que las actuaciones de estas bandas "pilló por sorpresa".

El fiscal destaca el "buen trabajo policial que ha hecho que el problemas no haya ido a más" y que este fenómeno "esté estabilizado", aunque aconseja "no bajar la guardia" y no "minimizarlo".

Las bandas no son una moda de adolescentes, sus miembros no luchan sólo contra otras bandas rivales y la única solución no es la cárcel, son mitos que hay que descartar, coinciden los expertos que han intervenido en las jornadas.

De ahí la importancia de la prevención ante los primeros signos de alarma: distanciamiento de los antiguos amigos, cambios extraños de comportamiento o miedo cuando ven un agente de Policía, lo que puede significar que ha podido participar en alguna pelea.

Ante esta situación, la familia debe mantener la calma, aconseja la juez, observar al menor, buscar momentos para la relación y si se confirman las sospechas buscar ayuda de profesionales.

El Defensor del Menor de Madrid, Arturo Canalda, recuerda que "los integrantes no son sólo latinos, sino que empiezan a incorporarse personas autóctonas y cada vez con menor edad".

"Jóvenes que no se sienten integrados, en las bandas tienen ese protagonismo, son alguien", explica Canalda, quien recuerda que las situaciones de fracaso escolar y la soledad también favorecen su inclusión en estos grupos.

Las propuestas de esta institución son desarrollar "un buen trabajo social en los barrios más desfavorecidos y de acogida en los centros educativos para los recién llegados", sin olvidar su protección ante la soledad, por ejemplo con actividades extraescolares.

"Cuando el menor ya está en una banda, hay que poner medios para descabezarlas y proporcionar vías fáciles para que puedan salir de ellas, que funcionan como entornos mafiosos", concluyen los expertos.

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