Aniversario

50 años de la muerte de Yuri Gagarin, el primer hombre que viajó al espacio

  • El legendario cosmonauta habría cumplido este 27 de marzo 84 años, de no haber fallecido en un vuelo de prueba de un caza ruso

Yuri Gagarin Yuri Gagarin

Yuri Gagarin

El legendario cosmonauta Yuri Gagarin, el primer hombre que viajó al espacio, sigue muy presente en la mente de todos los astronautas incluso 50 años después de su muerte el 27 de marzo de 1968. En el centro de formación de astronautas cerca de Moscú, Gagarin sigue acompañando a cada paso a las nuevas generaciones en forma de estatua de bronce que, a la entrada, recuerda al considerado Colón del espacio. Otra imagen gigante del considerado héroe soviético vigila los ejercicios de los astronautas que se exponen en una centrifugadora a una aceleración gravitacional mucho mayor a la de la Tierra.

De no haber fallecido, Gagarin tendría 84 años. Algunos de sus compañeros de los primeros días de las misiones espaciales tripuladas aún viven y están considerados en Rusia héroes nacionales. Sin embargo, a nadie se le rinde más tributo que a Yuri Alekseyevich Gagarin, que murió con sólo 34 años durante un vuelo de prueba en un caza MiG-15 junto a su compañero Vladimir Seryogin. Aún circulan rumores y teorías sobre si se trató de un fallo humano o técnico.

Gagarin representaba la imagen ideal del ciudadano soviético procedente de una familia de clase trabajadora, explica el experto Vyacheslav Klimentov. "Era extraordinario, apasionante y al mismo tiempo uno de nosotros. Y tenía esa genial sonrisa", cuenta a dpa el subdirector del Museo del Espacio de Moscú.

Su vuelo al espacio el 12 de abril de 1961 lo convirtió en una leyenda: a bordo de la cápsula Vostok-1, fue el primer hombre en dar la vuelta a la Tierra, y lo hizo en 108 minutos. Fue él quien extendió la idea del planeta azul.

La Unión Soviética se marcó así un tanto en la carrera con Estados Unidos por conquistar el espacio. La propaganda difundió la imagen de un oficial intachable que aún en día sigue vigente en Rusia. Nada representaba mejor el éxito del comunismo en la Guerra Fría que la carismática sonrisa del joven coronel.

Gagarin fue aplaudido como la primera estrella del Bloque del Este más allá de las fronteras geográficas e ideológicas de la Unión Soviética. Incluso la reina Isabel II lo recibió en 1961.

En todo el mundo se rinde homenaje a Gagarin y su tumba en la Muralla del Kremlin en Moscú es solo uno de los numerosos lugares de culto a su persona.

Además el héroe del espacio es todo un imán para el marketing: su cara aparece en camisetas, tazas e incluso tatuajes. Según una encuesta, los rusos consideran al cosmonauta el mayor ídolo del siglo XX.

Pese a todo, según contó su mujer Valentina, con la que tuvo dos hijos, Gagarin siempre tuvo los pies en la tierra. "Me resulta incómodo que parezca un ser sobrehumano en los artículos de los periodistas. Al igual que otras personas, tengo mis defectos", lo citó su mujer en un libro.

El cosmonauta nació el 9 de marzo de 1934 y creció en el pueblo de Klushino, a unos 180 kilómetros al oeste de Moscú, junto a sus padres, una campesina y un carpintero. En 1955 se tuvo que alistar en el Ejército y comenzó a formarse como piloto de combate.

Gagarin entrenó duro para su vuelo altamente secreto, pero siempre mantuvo el humor. "No sé quién soy: si el primer hombre o el último perro en el espacio", dijo. Antes que él, Moscú había enviado a varios perros al espacio y varios de ellos habían muerto en la misión.

Inteligente, fuerte, íntegro: así es como ve la actual generación de astronautas a Gagarin, cuentan los expertos. "En todos los astronautas se esconde algo que recuerda a Gagarin", dice Klimentov. Todos tienen objetivos claros, están bien formados y están en buena forma.

René Pischel, representante de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Moscú, opina que en día aún se necesitan héroes como Gagarin, aunque lo tienen más difícil que antes: "La época en la que había una primera vez ha pasado. Pero la contribución de los astronautas actuales no es menor. Solo que es más difícil que parezca un acto heroico".

Klimentov coincide: "Puede que la tecnología actual sea diferente, pero los riesgos no son menores a los de los primeros cosmonaustas".

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