El 2% de la población reclusa en España supera los 60 años

  • El Reglamento Penitenciario establece que si se sobrepasan los 70 años se puede conseguir la libertad provisional por razones de edad o enfermedad terminal

El dos por ciento de la población reclusa española, unos 1.400 hombres y mujeres mayores de 60 años, de un total cercano a los 70.000 presos, pasa entre rejas el tramo final de su vida, si bien nadie muere hoy de viejo en la cárcel.

Según el artículo 196 del Reglamento Penitenciario, a partir de 70 años de edad un preso puede conseguir la libertad condicional por razones de edad o enfermedad terminal.

Según ese artículo, es el juez de vigilancia penitenciaria quien decide sobre la libertad condicional después de tener en sus manos un expediente cuya tramitación es iniciada por la Junta de Tratamiento del centro en el que cumple condena el penado septuagenario, y en la que están representados la dirección, psicólogos y educadores, trabajadores sociales, médicos y juristas criminólogos.

"Se analiza caso a caso. Los delincuentes habituales o reincidentes tienen un mal pronóstico, como los autores de delitos muy violentos, los pederastas,...", destaca José Díaz, jurista criminólogo en la prisión madrileña de Soto del Real.

El expediente, según el Reglamento Penitenciario, tiene que incluir, entre otros documentos, un informe pronóstico de integración social del penado, un resumen de su situación penal y penitenciaria, los permisos de salida disfrutados y sus incidencias, las sanciones, si las ha habido, un programa individual de libertad condicional y de seguimiento, y el compromiso de acogida por parte de la familia, personas allegadas o instituciones sociales extra-penitenciarias.

En un porcentaje elevado, según José Díaz, el juez, "normalmente muy sensible a estos casos", concede la libertad condicional. "Siempre que el delito no sea ni muy grave ni muy reciente, o que el preso no sea reincidente", recuerda María Yela, psicóloga con larga experiencia profesional penitenciaria.

El estado físico, la salud, determina su ubicación en el centro. Si es buena, conviven con el resto de presos en las unidades de adultos, pero si presentan algún problema son derivados siempre a la enfermería, donde cumplen su condena. "En general -apunta María Yela- los jóvenes veneran a los ancianos. Les respetan y cuidan".

El problema surge cuando un penado logra la libertad condicional o finaliza el cumplimiento de su condena y su familia se niega a acogerle -un caso muy frecuente en los delitos de violencia doméstica- porque por medio casi siempre hay problemas psiquiátricos, o no tienen a nadie fuera que se haga cargo de ellos.

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