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La venganza de la lista negra (3-1)

  • Babin, otro ex como Machís, culmina la remontada de un Sporting que deja al Granada casi en Segunda.

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El Granada está en Segunda. Y lo merece. Lo merecen todos aquellos que pusieron su granito de arena para que a mediados de marzo el equipo esté desahuciado, goleado por un rival directo como el Sporting, y manchando con indignidad una camiseta que conoció el albero hace poco más de diez años. Lo merecen aquellos que, tengan o no ya cargo en el club, contribuyeron de manera decisiva a que en buena parte de este futuro descenso los puñales los hayan clavado sus ex. Edgar Méndez, Rubén Pérez, Darwin Machís, Fran Rico y, ayer, Jean-Sylvain Babin. Todos ellos se fueron del Granada por la puerta de atrás, pateados por unos responsables muy irresponsables. La lista negra. Los que se fueron se acordarán siempre de sus nombres, y al enfrentarse a los rojiblancos, es fácil imaginarlos recitándolos como lo hace Arya Stark: Jiang Lizhang, Sergi Vieta, Javier Torralbo, Paco Jémez. Así, en bucle. Uno a uno les han dicho a los inventores del fútbol que aterrizaron en la ciudad en junio que esto no va de mensajitos guays en redes sociales y buenas palabras. Va de futbolistas, de currantes y de profesionales, no de mundos de Yupi. Sólo quedaba por cumplir con su vendetta Babin, el martiniqués que marcó el gol de la salvación el año pasado en Sevilla. Él anotó ayer el 2-1, que encima ni celebró, como Machís hace dos semanas. Les dolía, pero era mejor quitárselos de encima para dar paso a los indignos de ayer en El Molinón.

Al Granada le escapó la permanencia, que ya está a ocho puntos reales, en siete minutos. Tres goles recibió el equipo de Lucas Alcaraz cuando ganaba por 0-1 y encima de forma justa, teniendo al Sporting contra las cuerdas, listo para recibir la estocada final con alguna de las contras para las que estaba diseñado el once inicial de Lucas Alcaraz. Que, por cierto, sorprendió a todos con un once sin '9', dejando a Kravéts en el banquillo y a Ponce en la grada. Pereira, Carcela y Boga conformaron un frente de ataque improvisado, pensado para correr, y un centro del campo sin Samper, defenestrado nada menos que por Angban. Una vuelta de tuerca más del entrenador granadino buscando exprimir a una plantilla que no da para más, como ya se ha demostrado de forma suficiente, y que además no pudo contar con sus tres mejores fichajes invernales: Wakaso por sanción (esa autoexpulsión ante Griezmann), y Héctor y Adrián Ramos por lesión. Los otros tres, uno suplente (Rui Silva), otro restando (Ingason, ayer gol, regalo y penalti), y otro ocupando una ficha (Koné).

Lucas se jugó la última bala de la permanencia con la primera bolsa de víveres del verano, y estos estaban caducados. De entrada, un Sporting atenazado por los nervios y las imprecisiones le entregó la pelota a un Granada que no estaba pensado ayer para eso, y aunque las tres primeras ocasiones del partido fueron granadinistas, las gijonesas, a poco que se enteraron de que a la defensa de cinco se le atacaba con diagonales a la espalda, fueron de más peligro. La secuencia de tiros que pudieron acabar mejor de Cuenca acabó con un gol bien anulado a Ingason por apoyarse en un defensa para rematar de cabeza (8'). Se acusó que no hubiera un nueve en el campo muchos minutos, ya que el Sporting obligó al Granada a tener más la pelota y a ser menos vertical de lo que pensaba, por eso los centros, tampoco muchos, tenían como utópico rematador Boga... Y para uno que tiene, en centrada de Carcela-González preciosa, pifió un cabezazo que era facilísimo de meter en la portería de Mariño (41'). Fue la única bala de verdad del Granada, ya que el Sporting tuvo tres goles hechos. Todos los evitó Ochoa con manos a Burgui, dos cabezazos anticipadores de Babin, y un mano a mano con Víctor Rodríguez que entre su guante y el poste evitaron que entrara.

La segunda parte vino marcada por los goles. De hecho, sólo sucedieron las dianas, ya que tras ellas, ni el Sporting hizo sangre (aunque pudo, ya que un penalti de Ingason a Burgui que pudo ser el 4-1 se lo paró Ochoa a Traoré en el 82'), ni el Granada tuvo chances de hacer nada. Se pasó del 0-1, marcado sorprendentemente por Ingason en un centro medido de Andreas Pereira, de los pocos con amor propio de este plantel; a la fulgurante remontada asturiana gentileza del propio equipo rojiblanco. Cuando iba a tener espacios para correr, cuando el Sporting era incapaz de saber qué hacer con la pelota, un agujero a la espalda de la defensa, que tiró mal un fuera de juego habilitado por Foulquier (con una línea de cinco hay más probabilidades de que uno falle), dejó solos a Carlos Castro y Traoré (que entró desde el banquillo), que empujó el empate. Y pasó lo de siempre. El Granada se sintió pequeño, de Preferente, y los goles cayeron sin querer, como el empate, marcado por el ex Babin de rebote al fallar Ingason en el despeje (64'). Los siete minutos que hundieron al equipo se culminaron con otra contra, otro agujero negro atrás, y Carmona finalizando sin oposición.

Los veinte minutos finales olieron a bandera blanca, a claudicación rojiblanca, a otra muestra más de que es un equipo indigno para esta categoría, en juego y en decisiones 'de arriba'. 28 jornadas lo atestiguan.

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