CRÍTICA VIDEOJUEGOS

La princesa está gorda

Fat Princess | Foster City Studio | +12 | 14,99€ | PS3

Qué tendrá la princesa. Cierto es que una de las normas no escritas del periodismo prohíbe hacer un uso perverso y poco sutil de los versos de Rubén Darío en los titulares. A no ser, claro, que la ocasión realmente lo merezca. Y ese realmente, con r mayúscula, no puede venir más a propósito.

Fat Princess es uno de esos títulos capaces de conquistar al universo gamer a fuerza de morro. Perteneciente a esa noble casta emergente de juegos descargables, que tanto ha hecho por la industria en los últimos tiempos elevando al exponente de lo posible tantas buenas y arriesgadas ideas, el juego que nos ocupa arranca como una fantasía idílica, borracha de tópicos, de dos princesas de reinos diferentes que pasean por un bosque, hablando de sus cosas de princesas. Las sorprende en el camino el hallazgo de un enorme pastel, aunque no tanto como para no degustarlo sin ambages. El resultado no se hace esperar: las dos infantas, poseídas por un conjuro maléfico, quedan transfiguradas en sendas moles humanas necesitadas de una alimentación constante de dulces mágicos. Al encontrarlas sus señores padres, que no se enteran de nada, deciden que aquello es motivo suficiente para que ambos reinos entren en conflicto. Y es en este descacharrante punto donde empieza la diversión.

Suele decirse que todo argumento o estética de videojuego, por muy intrincado que se revele, no es más que la excusa para insertar los consabidos géneros del medio, más o menos inmutables desde la aparición del pretérito Pong. Una afirmación que es tan respetable como asegurar que Ingmar Bergman disimulaba con su filmación del vacío el verdadero propósito de sus películas: plantear dramas de telenovela sobre señoras casadas que desean acostarse con el cura de su parroquia. Fat Princess supone un flagrante mandoble a tal afrenta, en su negación sistemática de los clichés establecidos por las mitologías medievales de reinos encantados y princesas cautivas; y más aún, haciendo uso de un naïf concepto de la violencia, con imágenes generosas en contenido hemoglobínico, de un carácter épico muy poco común.

Con la posibilidad de seleccionar varias tipologías de jugador (soldado, montaraz, mago, cura y constructor), y la disponibilidad de cuatro formas de juego (el modo principal, titulado La Leyenda de la Princesa Gorda, y otros modos basados en la victoria por puntos y la captura de bandera), el único elemento negativo de esta pequeña joya es su escasa duración, algo bastante comprensible teniendo en cuenta su precio y su naturaleza de título descargable. Por lo demás, un juego que nos devuelve al espíritu de los clásicos del morro, abanderados por aquel milagro de la industria que fue en su momento Lucasfilm Games. Y a estas alturas del año no se puede pedir nada mejor que un título así de refrescante.

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