Matías Prats, 40 años y muchos más

  • Debutó en el Telediario del fin de semana en 1976 y no ha dejado el primer plano desde entonces.

Como ha sido espectador junto a la línea donde se escribe la Historia tuvo en su mano haberla cambiado, haber parado máquinas para que TVE no le diera los votos a Israel y así no perdiera Betty Missiego. Era el portavoz del jurado y podía haber hecho una pirula con cierto disimulo. Digno heredero de su padre, también acompañó a todos aquellos voluntariosos deportistas españoles que se jugaban las excepcionales medallas que a duras penas nos caían en los mundiales o en los Juegos Olímpicos. Narraba el esquí, el golf o el tenis, también el fútbol con permiso de José Ángel de la Casa, pero le correspondió a otros contar los goles que vinieron a enmendar aquel de Zarra en Brasil.

Él pronunció aquello de "la historia cambió su curso", cuando Aratnxa ganó en Roland Garros un par de siglos antes de la escultural Garbiñe (gran deportista y atractiva mujer, que nadie se enfade porque se diga). Quién sabe si algún agente del Ministerio del Tiempo estaba detrás de los intempestivos dolores de Steffi Graf cuando perdió en 1989 en París. Las sospechas se traslucen cuando estuvo vinculado con el único funcionario de ese ministerio de los temponautas que hemos detectado, Jordi Hurtado. El que fuera presentador de Saber y ganar condujo una sección en Estudio Estadio, La liga del millón, allá por 1990. Las azafatas, a lo mamachicho, enseñaban sus ligas mientras la sonrisa de Hurtado hacía preguntas futboleras telefónicas. Aquello era un despropósito y Matías Prats Luque (Madrid, 1959), que podía tolerar que España perdiera injustamente Eurovisión pero nunca que TVE perpetrase un mamarracho machista, estuvo en un tris de plantarse en antena. Aquello de "pero ¿esto qué es?", pifia que salió al aire en pleno caos en el mundial de Francia de 1998, revela que tras sus modos de terciopelo se aposenta un carácter firme y exigente. Por eso ha estado ahí durante todo este tiempo, testigo en vivo de la última final de Champions o también voz sorprecogida en antena cuando un avión impactaba en una de las Torres Gemelas. En el 98 pasó de Antena 3 y le dolió que en su casa de toda la vida no movieran ni un dedo por su fichaje. En 1992, a raíz de la gloria olímpica, narró con Olga Viza la apertura y la clausura de los Juegos de Barcelona, pasó a la conducción de información general, no sólo la deportiva.

Matías Prats hijo, como fue conocido durante muchos años para no hacer demasiada sombra a la grandísima voz paterna, de origen cordobés, acaba de cumplir 40 años dando la cara, aunque tuvo que desaparecer hace unos meses para recuperarse de un antiguo pelotazo tenístico en el ojo. El actual conductor de los informativos de fin de semana en Antena 3 debutó en el Telediario dominical del 6 de junio de 1976. Su compañero, su auténtico hermano, Jesús Álvarez, también se estrenaba por entonces en TVE. Ambos, por estirpe, entraron con honores en la casa pública, aunque siempre negó la evidencia Matías Prats padre. Pero no se equivocaba en la recomendación como demostraron, pese a que en Matías hijo no se atisbaban grandes metas periodísticas.

Su templanza ante la cámara la cuajó con años de experiencia y aunque lo de presentar noticiarios parecía una fase pasajera en aquellos años de meritorio se convirtió en su destino. Forjado como el rostro con más credibilidad de la televisión de las tres últimas décadas, donde fue acumulando premios y premios, no pasa por su mejor momento de audiencia, pero su carisma se agranda pese a los audímetros y los vaivenes de la vida. Nadie en todo el panorama nacional ha estado 40 años consecutivos en primer línea de las cámaras o de los micrófonos. Él se lo toma con esa naturalidad rotunda con que sonríe y juguetea con el humor. Matías Prats (con su hijo, a su vez, cubriendo la Eurocopa para Telecinco) tiene nombre de leyenda, es un nombre legendario por sí mismo.

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