¿Por qué Oprah puede aspirar a la presidencia de EEUU?

  • La máxima estrella de la TV es una mujer hecha a sí misma con una fortuna de 2.900 millones de dólares

Oprah con su premio Cecil B. DeMille. Oprah con su premio Cecil B. DeMille.

Oprah con su premio Cecil B. DeMille. / efe

No, no me vayan a buscar una figura española para compararla porque no la van a encontrar. Ana Rosa, María Teresa Campos, Griso, Ferreras, Prats, Jorge Javier (más quisiera el jinete Juan y Medio, con sus faldas), no tienen la influencia social, el ejemplo, la unanimidad o el poder que tiene esta mujer de 63 años que es considerada la principal figura filantrópica en Estados Unidos, la persona afroamericana con mayor fortuna y, en definitiva, el personaje hecho a sí mismo que ha llevado más lejos el sueño americano. Para ser la candidata del Partido Demócrata para las próximas elecciones su patrimonio de 2.900 millones de dólares podría ser un buen aval, pero no estamos hablando precisamente de dinero.

En su discurso de los Globos de Oro, al recibir el galardón Cecil B. DeMille, no sólo enarbolaba la bandera del movimiento #MeToo que está zarandeando los testarudos vestigios machistas (y clasistas) que quedan en la sociedad norteamericana, también se convertía en la luz de esperanza para encarar unos nuevos tiempos más justos, más honestos, más igualitarios. Más femeninos. Oprah Winfrey dio dignidad a su audiencia porque anteriormente se dio dignidad a sí misma. Surgida de un pueblo de Mississippi, en lo más profundo del Sur (Kosciusko), sufrió una violación a los 14 años y su remontada en la vida ha sido un esforzado camino donde a sus discretas virtudes como actriz (nominada al Oscar por El color púrpura), le sumó sus magníficas dotes de comunicadora.

"Un nuevo día se asoma en el horizonte", pronunció en su discurso de los Globos

Responsable de su propia cadena desde 2011, durante 25 años su programa de entrevistas en la CBS fue santo y seña de una parrilla amable sin dejar de ser combativa e impulsora de valores entre sus espectadores. Si ella se ponía a dieta, su gente también. Si ella estrenaba coche, repartía vehículos entre los todos los que asistían en el plató (menudo golpe de efecto en 2004) o se llevaba a todos los espectadores en vivo, en nombre de sus millonarios seguidores, a Australia con Hugh Jackman. Destellos de una sensibilidad que también lucía en cada testimonio, en cada obra promovida, con una naturalidad que no admite poses.

De la televisión surgió la lamentable estrella de Donald Trump y de la televisión surge esta redención a través de una mujer progresista, patriota, sincera, solidaria. Tiene el total respaldo de su pareja desde 1986, Stedam Graham. Sólo su amiga Michelle Obama, otra gran carismática, sería capaz a estas alturas de litigarle su liderazgo para recomponer la sociedad y el prestigio de Estados Unidos desde los mismos orígenes del actual dirigente. "Un nuevo día se asoma en el horizonte", ya ha proclamado Oprah.

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