Pécker, los modos impecables

  • El locutor madrileño fue modelo de un estilo sobrio de contar y animar los programas

José Luis Pécker llegaba a sentirse extraterrestre cuando contemplaba la televisión actual, pintada a brochazos de gritos y espoleada por vacíos mentales. El fallecido locutor madrileño, nombre que sonará poco a los lectores menores de 35 años, fue uno de los nombre gloriosos cuando la radio de Bobby Deglané estaba en el primer plano del entretenimiento. Su repercusión en este medio le permitió dar el salto a la pantalla para trasladar su amabilidad, sus modos impecables, su piropo correcto y la discreción por bandera en el contacto con los anónimos. Pécker es uno de los nombres que la memoria de los espectadores veteranos guarda en celofán, porque era el elegante tono y la planchada pinta que animaba algunos de los pioneros concursos como Las diez de últimas o Un millón para el mejor. Tiempos aquellos cuando los concursantes iban con corbata, no llevaban cartelitos y sólo se les pedía conocimientos; no que hicieran el pino y se abalanzaran sobre la chica al lado. Una televisión neolítica.

Pécker era la máxima sobriedad respecto a su paralelo en la SER, Joaquín Prat, más publicitario y lingocete. Prat ponía ojitos a las faldas mientras Pécker parecía estar tomando la lección. Distintos estilos para conducir aquellas pruebas por el millón de pesetas. Ese cóctel fue la intención que los reunió en TVE para el concurso Cambie su suerte, encargado por el presidente Arias Navarro para que los españoles se imaginaran que vivían en un país de florecillas y luces. Rocío Jurado apareció con un escote imposible que dio al traste con el incipiente espíritu aperturista de 1974 y con ello la extinción del programa. Más allá de la anécdota, la suerte cambió para Pécker cuando la radio inició su andadura moderna tras el 23-F. Martín Ferrand lo rescató para Antena 3 Radio.

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