Purgatorio en el suburbio

Vivir en Nueva York tiene que ser uno de los sueños más comunes de todo ser humano, ¿quién no ha soñado por comerse un perrito como aquellos de 1,2,3 Splash por la calle? O pasearse contoneándose como Carrie Bradshaw subida a unos Manolo Blahnik.

Pues posiblemente cualquier neoyorquino que sea padre de una adolescente, porque George Altman lo tiene claro, para rescatar a su hija de una vida pecaminosa (acaba de descubrir que su dulce niña escondía preservativos) hay que mudarse a los barrios residenciales. Y así, George y Tessa se desplazan hacia un nuevo mundo: el Suburgatory.

A Tessa, esa nueva casa, ese vecindario aparentemente perfecto le transmite una sensación de estar pagando por sus pecados en el purgatorio. Para ella el mundo es una gran oportunidad para desarrollar su cinismo, una personalidad que compaginaba perfectamente en Nueva York y donde aquí la caracteriza de la rara. Ahora vive en el mundo de Mujeres Desesperadas, donde una sonrisa falsa vale más que un comentario sincero.

La cordial relación que mantienen George y Tessa empieza a correr serio peligro a partir de que ésta es obligada a vivir en un ambiente más prefabricado que las tortillas del Mercadona. Las extensiones de pelo, el extra rubio, las pestañas postizas y los blanqueamientos de dientes están a la orden del día y si no perteneces al ejército de estas Barbies siliconadas, no serás más que una lesbiana fea (insulto que recibe la protagonista por no vestir de rosa y ser pelirroja con el pelo rizado).

Pero no todos estos vecinos clonados son tan malos, la carismática Dallas a pesar de su look de adolescente cuarentona, es todo simpatía sincera y ganas de ayudar al prójimo, aunque no siempre acierte en sus formas y se note que se junta tanto con los Altman porque George es uno de esos solteros de oro que más de una quisiera para sí misma.

La hija de Dallas, sin embargo, no es tan agradable como su madre, parece que lo único que ha heredado de ella es su antinatural rubio y su gusto dudoso a la hora de vestir. Dalia es una siesa de cuidado que por no tener dotes, no sabe ni pestañear, algo totalmente imaginable después de ver la cantidad de rímel que lleva incrustado en las pestañas. Tessa y George tampoco son unos dechados de virtudes, porque una se pasa de listilla más de una vez y sus intentos de revolucionar ese pequeño mundo no llegan a mucho en una sociedad que se preocupa más por cuidar el cutis de los necesitados que de darles de comer. El otro por su parte, se ensalza en una competencia sin sentido con las mujeres de su vecindario y hace oídos sordos a su hija que le asegura que ese no es el mejor ambiente para su crecimiento personal, ni para el de nadie.

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