La banqueta para auparse

La Sexta pertenece a otro tiempo. A un buen tiempo. A aquellos años en los que mirábamos por encima del hombro a la infortunada Italia, poco tiempo después de que Aznar pusiera los zapatos a las altura de la cara de Bush. Zapatero creía heredar un país con espíritu de potencia europea, floreciente de dinero y ladrillos. También en canales de televisión. Licencia para todos, para los allegados, para una TDT que fuera un derroche de programas, pluralismo y anuncios.

Y en esas llegó la crisis y mandó parar. Cuatro quiso ser Telecinco o Antena 3 y se quedó por el camino. Ahora va de la mano de Mediaset. Y La Sexta era la cadena joven, progresista, vitalista, de la nueva generación, que poco a poco iba a crecer hasta ser una alternativa fresca, ligeramente minoritaria, a la "telebasura" que llegó a condenar Aznar. Arañó como mucho el 8%.

"Todo va a cambiar", fue su primer. Y todo cambió. Demasiado, años después. La cadena del 6 nacía con las riendas de quienes sabían hacer televisión para hacer una cadena a la altura de sus ilusionesm, esa ilusión que nunca ha querido perder en sus gestos el director general, José Miguel Contreras. Pero el talento o la paciencia casan mal con los audímetros y los anunciantes. Sí, hacer televisión, y además acertar, es muy complicado.

El fútbol, en guerra y en paz, puso a La Sexta en el mando, pero los 2 millones semanales del partido liguero fueron pesando como una losa en los malos tiempos. Sé lo que hicisteis se buscó demasiados enemigos y acabó cayendo mal. Las cuentas de las cuotas diarias ya terminaron de estropearse.

La cosa se puso Al rojo vivo y Zapatero fue muriendo. Su proyecto político languidecía en reflejo de lo que sucedía en el panorama audiovisual, que no llegaba a salvarse ni con una TVE sin anuncios. Antena 3 rescata a La Sexta justo cuando tiene el tamaño de una sólida banqueta para mirar a los ojos al negocio de Telecinco.

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