Entre la parrilla y el menú

  • Las plataformas de pago brindan un cambio de hábitos en el consumo del espectador, pero para que se hagan mayoritarios tardarán muchos años

'El Ministerio...', que regresa este lunes, coproducida entre TVE y Netflix. 'El Ministerio...', que regresa este lunes, coproducida entre TVE y Netflix.

'El Ministerio...', que regresa este lunes, coproducida entre TVE y Netflix. / rtve

Según los datos de audiencia de Kantar Media en el pasado agosto, con tantas vacaciones y horas para destinarlas a ponernos al día en series y tal, el consumo on line de televisión en España fue sólo, todavía, de 3 minutos de visionado al día, una película al mes; más 1 minuto añadido entre los invitados, frente a 188 minutos de televisión en línea, la de siempre (201 sumando los 13 minutos de invitados). La aritmética dice que es un consumo casi residual, aunque ruidoso en determinadas franjas de edad. El capítulo final de Juego de Tronos en Movistar Series tuvo 736.000 visionados, en comparación de espectadores son los que reúne por ejemplo un solo informativo de tarde de La Sexta. El visionado on line está extendido pero no enraizado, aunque las plataformas siguen avanzando en penetración en los hogares. Precios más que razonables, por debajo incluso de los 10 euros mensuales, y la contratación junto a otros servicios de telefonía, promueven que la televisión de pago alcance cotas históricas, superando el 25% de los clientes posibles, pero todavía aún muy por debajo, mucho menos de la mitad, que países como Portugal, Francia o Alemania. Aún así, los canales más vistos en las plataformas de pago siguen siendo las generalistas de la TDT, las principales cadenas públicas y privadas, y por muy molestos que sean los intermedios el consumo en directo del prime time sigue siendo el uso mayoritario.

Ni la radio murió con la televisión, ni por supuesto la televisión va a morir con internet

El consumo en diferido ha llegado para quedarse para siempre, y con los cambios generacionales será más presente, con la confección y selección de una parrilla al gusto de cada cual y a la hora que se prefiera. Es un visionado más ligado al uso individual que a la contemplación en pareja o en familia. Pero ni mucho menos la televisión de siempre, los canales lineales, están heridos. Si acaso advertidos para un futuro más bien a largo plazo. El sector está avisado, pero sin que urjan emergencias pese a algún seísmo bursátil. La diversificación del negocio ya está trazada en las principales cadenas, con las apps y plataformas de contenidos on line de RTVE, Atresmedia (Atresplayer) o Mediaset (Mitele). Incluso Atresmedia cuenta con una plataforma de vídeos en píldoras, Flooxer, dirigidos en especial a un público joven, de donde han salido fenómenos como Paquita Salas. Fenónemos, por cierto, para una determinada franja de población, los menores de 25 años. La brecha digital entre generaciones está ahí, aunque los millennials y sus hermanos mayores se siguen poniendo al día para no perder este tren.

Lo del consumo on line, o en streaming, comenzó como un rito clandestino, casi a oscuras, inaugurándose el siglo, brujuleando por inventos fugaces y superados como el E-mule o el monstruo clausurado de Megaupload donde los internautas, es decir, casi todos nosotros, descargaban y compartían cosas como películas grabadas en la pantalla del cine y series estrenadas en el extranjero. Precisamente contemplar de manera reciente los estrenos de EEUU, aunque no fuera en las mejores condiciones, avivó el encanto de esa clandestinidad e indirectamente abrió una tendencia y un mercado. Las cadenas de pago tomaron hace ya tiempo la decisión de los estrenos pegados y esa voracidad internauta remitió. Como herencia tenemos entre los once últimos años la mejor cosecha audiovisual en la pantalla de casa.

Youtube, la plataforma que puso en primer plano eso del streaming, pasó de los vídeos de diez minutos como máximo a convertirse en una plataforma de contenidos de todo tipo donde algunos particulares que explicaban videojuegos o tutoriales de lo más impensable encontraron un foco global. Entre gamers, influencers y gatitos los contenidos que aún siguen dominando Youtube proceden de programas y emisiones de canales de TV. Hasta iniciada la presente década el televisor iba por un lado y por otro el ordenador, "donde se veía televisión que no parecía televisión". Tal vez ese encanto promovió la pasión seriéfila, con una pionera televisión a la carta en visionado particular.

El siguiente escalón, inevitable, eran los televisores inteligentes, los conectados a internet, que iban a convertir en algo cotidiano el streaming, con una eclosión que se ha ido desarrollando de manera más calmada de lo que se preveía. Tampoco el negocio de las cadenas se iba a revolucionar del todo con el internet en el móvil. Las pantallas de móviles y tablets son cómodas, autonómas, pero no las mejores para ver los contenidos favoritos de cada cual. Son para consumo ocasional. Incluso accidental.

Los televisores con internet, que ya no son como los de televisores de siempre, abrieron la ventana para que decidieran a instalarse en nuestro país grandes plataformas, videoclubes virtuales, como Netflix o HBO, de la mano de las propias empresas de telefonía y desplegando un apetitoso menú que ha calado pero sin tambalear la televisión convencional. Amazon y ahora más recientemente Sky van a pelear por raciones aún pequeñas de la tarta. Anteriormente Telefónica ya había dado el paso para crear la más importante marca audiovisual de pago, Movistar +, cuyos pilares están formados por la adquirida Canal +. Movistar +, con una oferta deportiva inmensa, empieza a trazar su camino en series para plantarse ante una competencia de origen estadounidense que en ficción propia lleva ventaja. La plataforma española apela a la proximidad, con la reacción de Netflix de encargos como Las chicas del cable. Las series de cabecera para el espectador español serán todavía las de los canales en abierto, donde la calidad ha mejorado en esta materia porque es el flanco estratégico. De la pugna tiene que salir ganando el propio sector de producción audiovisual.

Los principales canales van a seguir siendo los más vistos en mucho tiempo y tienen margen para preparar ese futuro no escrito. Por ahora están llegando a acuerdo en la producción y explotación de series, como es el caso de El Ministerio del Tiempo (entre RTVE y Netflix), Supermax (Mediaset y HBO) o La catedral del mar ( Atresmedia y Netflix). Ni la radio murió con la televisión, ni la televisión va a morir con internet, ese far west del siglo XXI donde nadie prevé de dónde saldrá el siguiente disparo.

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