Amores y brindis de primavera

  • Andrés Romero corta dos orejas y se va, por tercera vez consecutiva, a hombros de La Maestranza Andy Cartagena logró la otra oreja que se otorgó en esta segunda de abono

plaza de toros de la real maestranza de sevilla Ganadería: Corrida de Benítez Cubero-Pallarés, de dispares hechuras y peso, desde el berrendo que abrió plaza, con 573 kilos, al anovillado quinto, de 521 kilos. De comportamiento desigual, los mejores: primero, segundo y sexto. TOREROS: Rui Fernandes, rejón (saludos tras ovación con petición de oreja). Andy Cartagena, rejón (oreja). Leonardo Hernández, rejón y dos descabellos (saludos tras ovación). Roberto Armendáriz, rejón (silencio). Manuel Manzanares, pinchazo y rejón (saludos tras ovación con petición de oreja). Andrés Romero, rejón (dos orejas). INCIDENCIAS: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Domingo 3 de abril de 2016.

Perseo cruzó la Maestranza con su andar templado y elegante hasta llevar a Romero a la puerta de chiqueros. El marsellés, en la mano. En el corazón, las lágrimas contenidas de un brindis a la madre. En el pensamiento, la necesidad de triunfo y en el convencimiento del torero, la determinación de que, aún con esa solitaria carta que Sevilla le había dejado, no cabía dejar de soñar. Por todo eso, ese brillante y legítimo triunfo del onubense se hacia ayer más necesario que nunca. El de Cubero fue un toro noble, más acometedor que bravo, pero Guajiro y Romero se templaron mucho con él. Haciendo las cosas despacito, con sentido de mucho temple, sin brusquedad en las entradas y salida de la cara del toro. Sin amontonar las emociones y clavando en todo lo alto los tres primeros pares de rehiletes con la música de Tejera bailando en la tarde. Saliendo con torería de la suerte después del desplante a metros de la nobleza del cubero. Después, Odiel, uno de los caballos más elegantes de cuantos haya hoy frente al toro, cuajó lo que le faltaba a la faena: señorío. Lección de pundonor, sí, pero también de un madurez torera que deja soñar muchas cosas buenas en la temporada. Nada iba a llevarse por delante lo que el de Escacena había amasado con torería. Ni siquiera ese mal momento en el que el toro se dejó ir vencido sobre el albero. Ayer era tarde de gloria y hasta en eso el perfil del rejón final dejó explicado por qué, más que ninguna otra tarde, Romero se iba como triunfador de un festejo frente a cinco compañeros más. Un triunfo que suena a idilio de primavera en tarde en la que hasta Anabel Moreno, la presidenta, supo leer desde el palco la justicia de una faena sobre el albero. Esa misma justicia con la que Andy Cartagena se llevó una oreja por la faena, medida, intensa y con mucho temple, que el alicantino puso frente al segundo de la tarde, otro de los buenos toros de Cubero.

Andy fue haciendo crecer la faena a medida que atemperaba la encastada embestida del segundo de la tarde, un toro que le permitió a Cartagena convencer al tendido de las excelencias de una cuadra y un oficio que conectan rápido con el público. Dejando llegar muy cerca al toro, el conjunto alcanzó momentos brillantes con tres pares de las cortas al violín. Para la galería, los bocaditos de Pantera al toro. Más meritorio, para lo serio, el rejón certero y de buena colocación, para rematar su labor y, de paso, una de sus mejores actuaciones sobre el albero de la Maestranza en los últimos años.

Pudo conseguir trofeos Leonardo Hernández frente al tercero de la tarde. Faena sobria, pero de mucha hondura técnica la que Leonardo puso frente a un toro con bastantes claves que entender y a las que el extremeño le dio respuesta con una labor llena de mucha templanza, llegando muy cerca de una embestida que se apagó demasiado pronto. Pesó mucho en el toro ese doble hierro de los inicios de faena. Vibró la faena con los pares de Leonardo al quiebro, limpios y bien ejecutados, y sus tres pares de cortas al violín, haciéndolo todo él porque a esas alturas de faena ya no había toro. La colocación del hierro de muerte y la demora del toro en doblar tras dos descabello le privó de premio.

En el otro apartado de aciertos está la faena intensa, bella y emocionante de Manuel Manzanares al quinto de la tarde. Fue toro pujante, noble y bravo. Seguramente, el más completo del encierro de Cubero. Manzanares le templó mucho, cosiendo los pitones a la grupa en una primera parte de una faena primorosa y muy torera que hizo levantar el vuelo de una tarde con un tendido entregado con el de Alicante. El fallo con el rejón dejó todo en un saludo desde el tercio.

En tono muy técnico, pero a veces exenta de alma, estuvo la faena del portugués Rui Fernandes frente a ese buen berrendo que abrió plaza y que le permitió cuajar los mejores momentos en los medios, donde su bravura argumentó las mejores embestidas.

Con el toro más desabrido del encierro, Armendáriz tampoco encontró la llave para entusiasmar al tendido en una tarde en la que Romero se iría en solitario a hombros como triunfador del festejo.

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