Antonio Barrera obtiene tres orejas y sale a hombros

  • El matador de toros salmantino Eduardo Gallo consigue un trofeo · Julio Aparicio, en una mala tarde, es abroncado · Interesante encierro de toros de Ortigao Costa

Un gran segundo toro de Ortigao Costa, la entrega y ganas de Antonio Barrera y una faena con momentos buenos de Gallo al manejable tercero fueron las notas más destacadas de la Corrida de Beneficncia en Santander que pone fin a más de una semana de toros en la capital cántabra en la que el torero sevillano se ha asegurado la salida a hombros después de cortar tres orejas a su lote.

Ese segundo fue un animal que aunó gran clase, extraordinario temple y ritmo, prontitud y cuantas virtudes se le quieran poner. El sevillano Antonio Barrera puso ganas desde que apareció por la plaza, saludó con larga cambiada de rodillas, quitó afanoso por gaoneras y se pronto a los medios con la muleta, le dio sitio al toro y lo esperó firme mientras el de Ortigao acudía galopando alegre.

Faena que sobresalió más por la voluntad que por el acierto con un toro que atesoraba gran temple en su embestida y pedía un toreo suave que no siempre se produjo. Intercaló Barrera algún pasaje suelto estimable dentro de un conjunto por debajo de la gran condición del toro.

El cuarto fue un toro cuarto mucho poder en el caballo, encastado y exigente que puso a prueba a un Barrera que salió victorioso del envite. Comenzó la faena doblándose con el toro y, en la primera serie por la mano derecha, el toro, que se metía mucho, le volteó sin consecuencias. Poco a poco, fue obligando más al toro en una faena entregada por lo exigente del toro, que no terminó de humillar por el izquierdo y por el derecho terminó por no pasar. Tras una estocada fulminante paseó el doble trofeo.

El tercero, un toro chico y feo que se tapaba por la cara, manseó en los primeros tercios y Gallo se animó también y quitó por chicuelinas. Con la muleta, pese a la tendencia de irse del animal, embistió pronto y alegre aunque costándole finalizar y rematar las embestidas.

Al principio al salmantino se le vio muy vertical y rígido pero según avanzó la faena se fue soltando y hubo muletazos largos y templados. Terminó en las cercanías con el toro más quedado y la estocada fue un cañonazo arriba. Otra oreja.

Julio Aparicio presentó pronto renuncio con sus dos toros, el segundo con más de 600 kilos de San Isidro, y fue abroncado.

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