De 'El Ciclón de Jerez' a 'El Pirata de Pamplona'

  • Padilla sale a hombros de una legión de 'corsarios' · Daniel Luque, una oreja y El Juli, de vacío · Fracaso de Torrehandilla

GANADERÍA: Cinco toros de Torrehandilla y uno, el tercero, de Torreherberos, misma casa ganadera y encaste, que debutó en Pamplona. Corrida mal presentada, descastada y de mal juego. Los toros, con divisa negra como señal por la muerte de la ganadera. TOREROS: Juan José Padilla, de canela y oro. Estocada fulminante (oreja). En el cuarto, estocada (oreja). Julián López 'El Juli', de tabaco y oro. Casi entera (silencio). En el quinto, pinchazo y casi entera (saludos tras ovación con petición). Daniel Luque, de crema y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). En el sexto, estocada (oreja). Incidencias: Plaza de toros de Pamplona. Sábado 14 de julio de de 2012. Lleno de No hay billetes. Padilla salió a hombros por la puerta grande.

Retornaba Padilla a Pamplona, tras una grave cogida el pasado octubre en Zaragoza, donde perdió el ojo izquierdo. Y los tendidos aparcaron sus canciones tradicionales y se pusieron a las órdenes de El Ciclón de Jerez, quien por un día -¡posiblemente uno de los días más hermosos de su vida!- se convirtió en El Pirata de Pamplona. Porque los tendidos de sol habían sido abordados por piratas buenos, con parches de pega, que ondeaban la enseña de los temerarios, como temerario es este Padilla que no sólo no se rindió, sino que arrostró con arrojo su lucha hasta una reaparición que está siendo sumamente triunfal.

Con paso firme y parche en su ojo izquierdo, abría el paseíllo el jerezano. Y durante la corrida, los piratas de arriba, con vino en sus botas navarras, en lugar de ron caribeño, enronquecían sus gargantas a grito pelado: "¡Padilla, qué huevos tienes!", "¡Padilla, qué huevos tienes!". Era como un aviso para navegantes, incluidos El Juli y Luque. Allí, en el ruedo y en los tendidos, "el puto amo", como rezaban las camisetas que se habían repartido por la solanera, era Padilla. Además de los gritos, los piratas buenos ondeaban sus gigantescas enseñas, con calaveras y huesos. Jamás se vivió una entrega a un diestro como el de las veinte mil almas que llenaban el coso pamplonés, bombeando como un solo corazón y una única voz que gritaba "¡Illa, illa, illa, Padilla maravilla!".

La corrida de Torrehandilla, mal presentada y descastada, fracasó en su debut en Pamplona.

Juan José Padilla brilló en banderillas con facilidad ante el reservón primero. Con la muleta, un par de tandas con la diestra, lo que duró un animal descastado y sin cuerda. Se tiró a matar a ley y a punto estuvo el toro, que le esperó, de meterle una cuchillada en el cuello. Petición de oreja y primer trofeo. En la vuelta al ruedo, un estandarte pirata cayó a la arena. El jerezano lo izó y ondeó durante un recorrido al anillo clamoroso. Ante el descastadísimo cuarto, sin cuajo, que se echó en el epílogo del trasteo y embistió a regañadientes, Padilla concretó una labor porfiona, con un epílogo de cara a la galería. De nuevo petición, oreja y pasaporte para la salida a hombros.

El Juli, con un pésimo lote, se marchó de vacío. Su primero, sin trapío para esta plaza, a pesar de cuidarlo en varas, resultó un marmolillo. El colorao quinto fue otro astado impresentable. Un ejemplar que unas veces perdía las manos y en la mayoría de ocasiones llevaba la cara por las nubes. El madrileño no tuvo opción al lucimiento artístico.

Luque tampoco pudo sacar provecho del anovillado tercero, muy flojo y deslucido. Y con el escurrido y molesto sexto, que embestía a cabezazos, realizó una labor porfiona, en la que caló mucho en el público cuando arrojó la ayuda y muleteó con cambios de mano y las zapatillas atornilladas. Estocada y última oreja de esta Feria del Toro que acabó sin toro en los días de las figuras y que, triunfalista en demasiadas ocasiones, tuvo como actuación más meritoria la de Castaño en la corrida de Miura.

Unos Sanfermines 2012 que el día del "¡Pobre de mí!" se cerraron con El Ciclón de Jerez convertido en El Pirata de Pamplona, alentado por una legión de mozos con parches, de piratas buenos, que sacaron a hombros a un torero al que le gritaban a coro y entre trago y trago: "¡Illa, illa, illa, Padilla maravilla!".

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