El Cid, única ovación en una 'victorinada' con dos buenos toros

vigésima novena corrida de la feria de san isidro Ganadería: Corrida de Victorino Martín, desigual en presentación y juego, destacando como buenos el tercero y el quinto. TOREROS: José Ignacio Uceda Leal, de verde y oro. Pinchazo y estocada (bronca). Estocada y tres descabellos (silencio). Miguel Abellán, de blanco y plata. Dos pinchazos, estocada y descabello (silencio). Tres pinchazos y descabello (silencio tras aviso). Manuel Jesús 'El Cid', de verde y oro. Estocada baja (saludos tras ovación). Estocada (silencio). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Las Ventas. No hay billetes. Se guardó un minuto de silencio por El Pana.

Victorino Martín puso el No hay billetes ayer en Las Ventas, cuando todavía resuenan los ecos del inmortal Cobradiezmos en la Maestranza. Al patriarca, Victorino Martín Andrés, le rindieron ayer un merecido homenaje en la Monumental madrileña por su "infatigable y ejemplar" labor como criador de reses bravas y por ser "defensor de una tauromaquia íntegra", tal y como recoge en la leyenda el azulejo descubierto en su honor en la Puerta Grande. Con el encierro enviado por Victorino, de desigual presentación y juego, destacando positivamente tercero y quinto, los diestros José Ignacio Uceda Leal, Miguel Abellán y Manuel Jesús El Cid se marcharon de vacío, escuchando el sevillano la única ovación de la tarde.

Uceda Leal, frío, sin entrega y, algo incomprensible en este torero, desacertado con la espada, dejó una mala imagen ante un lote desigual. El madrileño se quitó de inmediato y sin apenas probaturas al peligrosísimo primero, que se había empleado en varas y que había complicado la existencia a los banderilleros. La bronca fue de órdago.

Uceda no estuvo a la altura del buen cuarto, que humillaba tras la muleta del diestro, que no llegó a sentirse a gusto.

Miguel Abellán, porfión y desacertado, se empleó en dos faenas ante dos toros de muy distinto calado, fallando en la suerte suprema. Con el bajo y acucharado segundo, que no peleó en el primer tercio y resultó complicado, el de Usera intentó justificarse en un trasteo desigual.

Abellán contó con un buen quinto, que tuvo como virtudes la entrega y duración. El diestro, en las rayas, realizó una faena desigual, con algunos muletazos con la diestra despaciosos, en los que el toro, con recorrido, humillaba. Lo mejor lo logró al natural, con pases muy templados, algunos de ellos a pies juntos. Pero a la obra le faltó solidez.

El Cid, como sus compañeros, también contó con un toro en cada polo. Un buen tercero, que hizo una pelea espectacular en varas, arrancándose de largo para dos precisos puyazos de Juan Bernal y un sexto complicado. El Cid, con el tercero, lanceó con buen aire a la verónica. Brindó la faena al viejo Victorino. Una labor, en las afueras, en la que el viento le descentró al comienzo. Lo más destacado lo consiguió en un par de tandas con la derecha -el mejor pitón-, asentado y con muletazos de buen trazo. Por el izquierdo bajó la intensidad. Para colmo, al saltereño se le fue la mano en la estocada y todo quedó en una ovación.

Con el complicado sexto, El Cid expuso de principio a fin. En una de las series por la izquierda se libró por tablas de una cornada, al igual que en un volapié, en el que el toro puso una de sus navajas en el mismo mentón.

Flojo espectáculo en el que, al menos, dos toros, tercero y quinto daban para más.

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