Toros

Diego Ventura suma su cuarta puerta grande en Santander

GANADERÍA: Se lidiaron toros de la ganadería de Ángel Sánchez y Sánchez, despuntados para rejones. De juego variado. Con movilidad, aunque manso el primero; noble el segundo, bien hecho el tercero, sin fijeza; enclasado pero flojo el cuarto; terciado el quinto y venido a menos; el sexto se movió. TOREROS: Pablo Hermoso de Mendoza, oreja y ovación. Diego Ventura, ovación y dos orejas. Leonardo Hernández, silencio y silencio. Incidencias: Plaza de toros de Cuatro Caminos de Santander. Lleno.

Hay algo en Cuatro Caminos que enrabieta a Diego Ventura. Quizá sea jugar en casa enemiga. A saber. Ayer demostró que su toreo a caballo no tiene límites por espectacular y efectista. Dos orejas arrancó al quinto murube, en el tipo, con su particular tranco. Para garra, la que puso el luso pero sevillano de corazón. Cuando Remate bailó y se lució frente al sol, la puerta grande comenzaba a clarear. Cuarta en cuatro años. Y las que vendrán con una Santander que ha encontrado en Ventura su nuevo ídolo a caballo, con permiso de Mendoza, claro. Euforia en la solana, palmas en una sombra con caras menos conocidas.

Diego Ventura citó en largo al animal, un toro noble como sus hermanos pero con las fuerzas justas, tónica de una corrida correcta de presencia. Sin exageración. Se la jugó recortando en terrenos comprometidos. Mucho riesgo al clavar. Mas calaron más los adornos, la imagen. Piruetas lejos de la cara del astado. Es la escenificación de su apabullante toreo sin límites, del nuevo rejoneo que llena las plazas. Y que siga.

Hermoso de Mendoza sigue siendo querido en la capital cántabra. Suyas han sido tardes históricas, aunque últimamente su luz no brilla como antes. Con el que mansito que abrió plaza, obtuvo meritorios momentos cuando logró encelar al de Sánchez y Sánchez. Mucho oficio demostró el veterano navarro. Cierre de fiesta con Pirata y el teléfono, apoyado en la testuz. Oreja al canto y tímida petición de la segunda. Justa la recompensa como merecida fue la cariñosa ovación a la muerte del cuarto, de buen tranco aunque de escaso motor. Sin gasolina. Se lució llevándole encelado a dos pistas y se volcó sobre los pitones para suplir la falta de fuerzas. Con Pirata colocó dos brillantes banderillas cortas a dos manos.

Leonardo Hernández, muy voluntarioso, tuvo el don de la generosidad. Citó en ambos toros en largo, clavando con limpieza. Emborronó todo con el descabello y la cosa, que apuntaba para oreja o vuelta en ambos, se quedó en nada. Seguro que volverá.

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