Espectáculo tibio en tarde gélida

Muy buena entrada si se tiene en cuenta la tarde gélida, más propia de Valdemorillo allá por febrero que de un festejo primaveral en Sevilla.

Aficionados y cabales tras la pista de una terna prometedora, compuesta por dos sevillanos -Juan Ortega y Lama de Góngora- y el valenciano Román. La novillada de Núñez del Cuvillo, remendada con un astado de Fuente Rey, lidiado en tercer lugar, hubiera dado para mucho más en manos expertas. Pero los chavales se marcharon de vacío.

Juan Ortega intentó realizar las suertes con gusto. Ante el novillo que abrió plaza, bien presentado, bueno, aunque se metía algo, se lució en un par de bellas verónicas y realizó una labor correcta, en la que hilvanó buenos muletazos en sendas tandas; siendo molestado por el viento en momentos en los que la faena cobraba mayor intensidad.

Con el cuarto, un colorao que se lastimó al salir de un puyazo, Ortega apenas pudo lucirse ante un ejemplar tardo y que se quedaba corto.

Román, quien se entregó sin reservas ante su lote, contó con el animal más boyante del encierro, el segundo. Un jabonero bien hecho, que salía suelto en los primeros tercios y que descolgó tras la muleta del valenciano. A su quite por tafalleras, le contestó Lama con otro mejor por chicuelinas y el titular cerró con unas arriesgadas gaoneras. Román comenzó su faena con estatuarios a pies juntos. Con la diestra anotó una tanda corta y con calidad. Y al natural, relajado, cuajó una serie rematada con un excelente pase de pecho. Hubo luego ligazón por el pitón derecho. Y naturales de mano baja. El novillo estuvo a punto de cogerle en un pase de pecho con la zurda. En el cierre, por bernadinas, atropelló la razón y el novillo le enganchó; afortunadamente sin mayores consecuencias. Se libró milagrosamente de una seria cornada. El público estaba con el torero por su disposición. Pero el espada no bajó la muleta en el primer envite y pinchó. Precisó de otra estocada y un descabello y lo que se prometía como un posible premio quedó en una fuerte ovación.

Con el quinto novillo, el de menor volumen del encierro, más pequeño y recortado, sin clase en sus embestidas, Román realizó una labor voluntariosa, tras recibirlo con dos faroles de rodillas en las rayas.

Lama de Góngora, quien en la pasada Feria de Abril dejó una grata impresión, salvo con la espada, aportó una buena actitud y también demostró que ha mejorado en la suerte suprema, que ha practicado estos días bajo la tutela de Espartaco padre. Recibió al serio tercero, con el hierro de Fuente Rey, con una larga cambiada de rodillas frente a toriles y lanceó bien la verónica. Ortega se anotó un buen quite por delantales. El ejemplar de Fuente Rey resultó molesto -se metía por el pitón izquierdo y a veces se quedaba debajo por el derecho-. Lo mejor de Lama surgió en una serie diestra en la que tapó la cara al animal y trazó buenos muletazos. Mató de certera estocada.

El jabonero sexto, también bien construido, se destrozó en un par de volatines al humillar tras los vuelos del capote de Lama, que cuidó, junto a su cuadrilla, a un animal con mucha calidad, pero justo de fuerzas. El torero del Arenal consiguió sendas tandas, por ambos pitones, en las que los muletazos fueron largos. Dibujó algunos otros con el buen gusto como bandera. El problema es que no podía bajar la mano, porque el astado se podía caer. Por ello, faltó emoción al trasteo, que se diluyó pronto. Después de propinar media estocada, Lama dio un mitin con el verduguillo. Precisó de hasta nueve descabellos.

El espectáculo, con picos de interés, no pasó de tibio en una tarde gélida, impropia de la primavera sevillana.

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