Fandiño, faena inteligente y templada

  • El vasco pierde premio en el quinto toro al faltarle contundencia con la espada

En Madrid se ha tenido siempre presente a Joselito El Gallo. Son ya 94 años en los que, toree quien toree, en Las Ventas es advertido antes del paseíllo que, al romperse el desfile, tiene que rendir honores al rey de los toreros en un minuto de silencio que ayer, una vez más, ponía la carne de gallina por el respeto de todos los espectadores en una plaza que precisamente no destaca por su silencio.

La corrida de Jandilla-Vegahermosa, muy dispar en hechuras y juego, tuvo en su conjunto como punto positivo la movilidad y en lo negativo la falta de calidad.

Iván Fandiño demostró tras su salida por la Puerta Grande de Las Ventas el pasado martes -primera en su carrera en la citada plaza- que es un torero al alza. Estuvo a punto de conseguir premio. Sucedió en el quinto, un astado manejable, el mejor del encierro, que embestía cabeceando y con el que el diestro vasco, en las rayas, realizó una faena con poso y peso en técnica y capacidad. Brilló tanto con la diestra como al natural, con muletazos de mano baja y otros muy ceñidos, y pases de pecho forzados muy auténticos. Muletazos, en su mayoría, de trazo largo, embarcando bien al toro. Pinchazo, estocada... El toro tardó en caer... Un aviso... Lo que era de premio quedó en una fuerte ovación.

Su primer acto no contó para el público debido a un toro inválido, protestado desde su salida. Trasteo inútil en lo artístico, en el que dentro de su porfía fue cogido, afortunadamente sin consecuencias, sufriendo un palazo del cuerno izquierdo.

Joselito Adame, sustituto de Miguel Abellán, baja por un cólico nefrítico, volvió a dar una imagen muy positiva por lo muy valiente que estuvo ante su lote. Con el feísimo tercero, un ejemplar con movilidad, pero sin calidad y que cabeceaba al final de los muletazos, se jugó la vida de verdad, desde un comienzo escalofriante, en los medios, desde largo, en dos derechazos por la espalda en los que el toro estuvo a punto de cogerle en dos ocasiones, molestado por el viento, hasta la estocada a ley, en la que se tiró de verdad en la suerte suprema.

El sexto, cornilevantado, acometía topando, y Joselito Adame porfió y se justificó.

David Fandila El Fandi, que abría plaza, quedó inédito en la primera de sus dos tardes en este ciclo isidril, cosechando las palmas más fuertes en el tercio de banderillas al cuarto toro, especialmente en el tercer par, al violín, llegando a parar al cornúpeta corriendo hacia atrás. Con este animal, al que recibió con dos largas cambiadas de rodillas junto a tablas, El Fandi, con un astado que no humillaba y se quedaba debajo, basó en la diestra una labor sin eco alguno en los tendidos.

El primer toro, bajo y musculado, resultó encastado y con movilidad, llegando a la muleta revoltoso. El Fandi concretó un trasteo liviano.

Espectáculo que no se hizo pesado, aunque distó mucho de las expectativas artísticas debido a un encierro de Jandilla-Vegahermosa sin clase. Un festejo en el que, sin toreo de capa de altura por parte de la terna, brilló Iván Fandiño en una faena inteligente y templada, en la que faltó contundencia en esa rúbrica definitiva que es la suerte suprema.

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