Jesús Álvarez, única vuelta al ruedo en la nocturna

  • El alumno de la Escuela de Camas consigue el único premio en la tercera novillada de promoción · Posada de Maravillas y Juan de Castilla se marchan de vacío

GANADERÍA: Erales de Marcos Núñez, desiguales en presentación y juego. TOREROS: Jesús Álvarez, saludos tras petición y vuelta al ruedo tras petición de oreja. Posada de Maravillas, palmas tras dos avisos y saludos tras ovación y aviso. Juan de Castilla, saludos tras ovación y saludos tras ovación y aviso. Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Jueves 19 de julio de 2012. Casi tres cuartos de entrada.

Continúan las novilladas nocturnas de promoción en la Maestranza envueltas en una gran ambiente.

Jesús Álvarez, alumno de la Escuela de tauromaquia de Camas, consiguió el mayor premio de la noche, la única vuelta al ruedo, tras una actuación de entrega, en la que no escatimó esfuerzo alguno para agradar al público, que llegó a pedirle incluso un trofeo.

Jesús Álvarez, con el eral que abrió plaza, que fue protestado por su excesiva flojedad, realizó una labor porfiona.

Al cuarto, otro ejemplar sin poder, aunque con mejor presentación, lo recibió con una larga cambiada de rodillas y concretó un quite por gaoneras. Con la franela, ante un eral muy parado, Álvarez destacó con la diestra, aflorando varios muletazos templados, con un epílogo por bernadinas. Mató de estocada y descabello y hubo petición de oreja, que no concedió la presidencia, cuya decisión fue protestada.

Posada de Maravillas, alumno de la Escuela provincial de tauromaquia de Badajoz y perteneciente a la dinastía Posada, logró sus mejores momentos con el capote. Ante su primero, de buen juego por el pitón derecho, apuntó buenas maneras. Se empeñó en torearlo por el izquierdo y al natural poco pudo lucirse. Se eternizó con los aceros.

Con el complicado quinto, Posada de Maravillas evidenció su falta de rodaje, con varios desarmes.

Juan de Castilla, un joven colombiano perteneciente a la Escuela taurina de Espartinas, se entregó a fondo ante su lote, de mal juego, al que mató con decisión y acierto; sufriendo varias volteretas. Ante el incierto tercero, que se defendía, la labor tuvo excesivo metraje y escaso frutos; logrando los mejores momentos con la zurda. Tras un epílogo por bernadinas mató de estocada certera.

Con el manso que cerró plaza, cuya faena brindó a su profesor, Antonio Ruiz Espartaco, Juan de Castilla concretó un trasteo voluntarioso junto a tablas.

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