Joselito, con sitio y profunda torería

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JOSÉ Miguel Arroyo estuvo en Huelva en viernes. Fue en la cartelería del ciclo Los toros de la Fundación El Monte, donde se anunciba su presencia bajo el título: Joselito, el verdadero.

En realidad después de dos horas y media de conversación entre su figura y la disección que el periodista Paco Aguado hizo de la figura del invitado, quedan muchos trazos rotundos y marcados de la personalidad de un matador de toros que tuvo y retuvo un sitio importante en la Fiesta.

Después de escuchar, apoyado sobre el muro último de la sala, esas dos horas, puedo contar que más que a Joselito, el verdadero, encontré al verdadero Joselito.

Es decir, a ese torero que después de arrancar en frío la conversación se fue calentando hasta encontrar los sentimientos y la personalidad que siempre le ha caracterizado dentro y fuera de los ruedos.

Un poco alejado de esa imagen de rostro exquisitamente rasurado hasta en el parón invernal, ahora luce perilla y guarda esa mirada honda y profunda que molestaba cuando hacia preguntas, con una pose mucho más amable en el trato hacia el espectador.

Fue sin duda un elogioso esfuerzo el verle poco a poco cruzarse ante el toro de una complicada conversación sobre infancia alejada de arraigo familiar, de complicados comienzos y consejos llenos de sinceridad sobre la suerte y las vivencias de toda una intensa carrera taurina en la que, sin duda, y el personaje lo corroboró, primó la decisión de un toreo que finalmente dio los frutos apetecidos: que a Joselito se le recuerde como un torero de profundas exquisiteces toreras.

El periodista Paco Aguado, autor de ese libro sobre las vivencias del torero madrileño, estuvo listo y presto en resaltar pasajes de una vida a la que la decisión de hacerse torero cambió de forma radical.

Agil, además, el periodista para dejar la conversación en boca del torero. Quites, los justos para llevarse la lidia a otro terreno, pero manteniendo siempre el interés del personaje. Jirones de una vida que van desde ese chinorri de diez años conpelo largo, chupa y gafas de sol, hasta la infinita soledad que proporcionan dos figuras del toreo en los primeros paseíllos después de una alternativa para encontrar los por qué motivadores que a uno le hacen ponerse delante del toro.

La jornada, segunda de ese ciclo Los Toros que mantiene en este año dos llenos consecutivos de público, estaba prevista como la del encuentro de los jóvenes con la figura del torero Joselito. Verdad es que hubo caras muy jóvenes en un acto que se extendió ameno a pesar de su duración. El ciclo se cierra el próximo lunes con la mesa redonda en torno a comunicación e imagen de la Fiesta de los Toros.

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