Juan Carlos Carballo, destacado debut en la plaza de Las Ventas

  • El onubense David Miranda recibe sendas ovaciones mientras que el cordobés Andrés Jiménez resulta cogido por su segundo

novillada en las ventas NOVILLOS: Tres de Pablo Mayoral, dos -segundo y tercero- de Mercedes Figueroa y un sobrero -cuarto- de Benjamín Gómez, bien presentados, mansurrones, algunos faltos de fuerzas y, en general, deslucidos NOVILLEROS: Andrés Jiménez 'Gallo de Córdoba' estocada y nueve descabellos (silencio tras aviso); y bajonazo (silencio) David Miranda caída (ovación tras aviso); y estocada trasera y descabello (ovación tras aviso) Juan Carlos Carballo bajonazo (aviso y vuelta tras petición); y estocada (aviso y vuelta tras petición) INCIDENCIAS: un cuarto largo de entrada en tarde de nubes y claros, y con lluvia en los dos últimos novillos

El novillero Juan Carlos Carballo dio ayer dos vueltas al ruedo en su presentación en Las Ventas, una tarde que queda resumida en ese prometedor debut.

El cacereño puso el único atisbo de calor a una tarde fría y lluviosa, en la que los de Pablo Mayoral no dieron la talla por mansedumbre y falta de emoción.

El primero de Carballo no cesó en buscar la huida amagando con saltar hasta en dos ocasiones. El cacereño lanceó con arrebato a la verónica y, muleta en mano, diseñó una labor de menos a más, soltándose y entendiéndose más y mejor con su antagonista a medida que transcurría la faena, llegando a lograr pases de buen aire por el derecho, componiendo, además, la figura con torería.

Buena impresión dejó el debutante, todo ilusión, a pesar de que el bajonazo final hiciera que el presidente no le concediera una oreja pedida por la legión de partidarios y paisanos. La vuelta sí fue justo reconocimiento.

Con el complicado sexto hizo un esfuerzo Carballo bajo el aguacero, y, aunque esta vez apenas hubo lucimiento, volvió a solventar la papeleta con dignidad. Otra vez le pidieron con fuerza la oreja, pero el usía volvió a negársela, quedando en otra vuelta.

David de Miranda no tuvo enemigo en su primer turno, un manso con el que no pudo pasar de los detalles. Pero como fue todo voluntad le tributaron una ovación de consolación.

En el quinto fue cuando la lluvia empezó a arreciar con fuerza y los tendidos quedaron despoblados, lo que hizo que la faena de De Miranda, plena de oficio, pasara desapercibida.

Gallo de Córdoba aunque quiso mucho, entre el escaso rodaje y sus propias carencias hizo que su paso fuera casi testimonial de no ser por la cornada que sufrió en el cuarto. En su primero se le vio demasiado rígido con el percal, y tampoco resolvió nada con la muleta ante un animal sin fuerzas que le hizo pasar alguna que otra fatiga. No enmendó la plana con el sobrero que hizo cuarto, de Benjamín Gómez, con el que volvió a estar discreto.

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