El Juli y López Simón, tras un indulto polémico, a hombros

La Feria de Fallas se cerró con la traca de un indulto, premio exagerado, al igual que la vuelta al ruedo al cuarto. Todo ello en un ciclo en el que no ha saltado un toro de bandera y en el que los premios a los diestros han sido en su mayoría también exagerados. En esta ocasión, López Simón y El Juli salieron a hombros junto al mayoral de la ganadería.

López Simón tuvo en suerte al toro que sería indultado, el sexto, Pasmoso, colorao, ojo de perdiz, con prontitud, movilidad y nobleza, aunque le faltó que siguiera los engaños con humillación. El astado derribó al relance en el primer encuentro y se dejó pegar en el segundo. En la muleta resultó noble y embistió con movilidad, lo que hizo que la pasión del personal se desatara. El de Barajas tuvo el acierto de darle distancia. En los medios abrió faena con sendos muletazos arriesgados por la espalda con la diestra, alternando con derechazos. La clave de la faena estuvo en la ligazón. En las postrimerías contó con circulares invertidos y manoletinas. El público solicitó el indulto insistentemente, que el presidente concedió, curiosamente, con un pañuelo rojo; en lugar del naranja, que prevé el reglamento. Simón paseó dos orejas simbólicas.

El madrileño corta sendas orejas, el de Barajas dos simbólicas y Talavante, de vacío

Anteriormente, el tercero, un castaño, bien hecho, que recibió un único puyazo, fue un animal manejable con el que López Simón se entregó en una labor desigual.

El Juli se impuso a dos toros distintos. Ante el primero, bien hecho, con algunas complicaciones, pero que humillaba, anduvo con facilidad. Precioso inicio de faena con doblones y un soberbio pase del desprecio. Logró muletazos largos por ambos pitones. Mató de estocada desprendida para ganar una oreja. Con el castaño cuarto, sin clase, gazapón, que se frenaba en los viajes, el madrileño desplegó su artillería técnica y consiguió hilvanar faena, brillando en algunos muletazos con la zurda. Mató de entera y descabello y fue premiado, exageradamente, con dos orejas, como exagerada, todavía en mayor grado, la vuelta al ruedo que el presidente concedió al toro.

Alejandro Talavante cumplió ante su lote, con el que no estuvo acertado en la suerte suprema. Con el colorao segundo, bien armado y sin entrega, realizó una faena desigual en la que lo más destacado fueron los doblones iniciales y un arrimón final, lo más ovacionado. El quinto, descompuesto, estuvo a punto de cornear a Talavante en una colada. Labor de entrega, con un deslucido desarme en las postrimerías.

El final de la Feria de Fallas 2017, con El Juli, el mayoral de Garcigrande y López Simón a hombros fue un fiel reflejo de este ciclo: puro triunfalismo.

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