Museo de los últimos de las gallosinas

  • La Peña Museo Taurino 'José Luis Galloso' recorre la trayectoria profesional del laureado torero de El Puerto Situado en Bodegas el Cortijo supuso restaurar las naves del brandy

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En estos tiempos de decadencia taurina en nuestra provincia, que en El Puerto se nota muchísimo, conviene mirar hacia el último refugio, El Álamo, ese reducto donde pueden vender cara su suerte los últimos de Filipinas del toreo.

En El Puerto hay uno de esos baluartes para los últimos de las gallosinas. Son 22 y llegaron a ser casi seiscientos en los tiempos en que "el niño" movía la ciudad. Son los gallosistas. José Luis Muñoz Barrero, amigo fiel del torero de El Puerto y el Rodil de este particular Callao taurino -la corrección política impide citar a Moscardó y el Alcázar- nos lo explica: "La Peña Galloso se convirtió en esta idea de peña museo. Paco Custodio de Bodegas El Cortijo nos cedió el sitio, lo restauró, nos ayudó muchísimo y apoyó económicamente para que esta Peña Museo Galloso sea una realidad y un orgullo, como es, para El Puerto".

Paco Custodio restauró la parte de las antiguas bodegas Terry destinadas a envejecer el Brandy Centenario y la destinó a la solera taurina de Galloso. El lugar era ideal para asolerar el brandy por las condiciones microclimáticas, muy cerca del recodo del río y mecido por el aire suave de la brisa de las mareas.

Lo mejor para un Museo Taurino que se organiza en dos crujías, bajo las antiguas vigas de pino tea y añejas alfajías, con zócalo de ladrillo de barro. José Luis Muñoz Barrero lo enseña con legítimo orgullo partidario a los visitantes que conciertan las visitas. En cuatro años 2178 visitas concertadas y reportajes de periódicos y televisiones nacionales y extranjeras, además de numerosos actos como los propios dela Peña Galloso: "ahora en julio, agosto y septiembre, abriremos por la tarde todos los días laborables".

Todas las piezas encierran una anécdota, una historia, una curiosidad o una gesta: "este es el traje del picador Guillermo Beas de Segura, que lo estrenó picando con Galloso el último día que Luis toreó en El Puerto en el 2009. Al día siguiente Guillermo lo donó al museo. Aquel es el traje de Miguel Ariza del Pino que se negaba a vendérmelo y como yo se lo quería comprar me lo vendió por un duro". Gran persona.

Para el presidente de la Peña Galloso la mejor pieza es el traje del torero de la primera vez que se vistió de luces en Puerto Real, el 5 de junio de 1969, pero nosotros le pedimos que nos saque otra pieza estrella, la pitillera de plata que le regaló el Rey a Galloso cuando el portuense toreó la Corrida de la Beneficencia diez años y dieciocho días después.

Un lujo para El Puerto, que ya perdió la ocasión de tener un museo dedicado a la destilación, uno de los milagros de esta ciudad. Por lo menos tiene Museo Taurino del nivel de los otros de la provincia, el de La Línea, el de Jerez o El Museo Paquiro de Chiclana.

Las cabezas de toro no nos hacen caso, con su mirada perdida en sabe Dios qué dehesas. Seguimos descubriendo tesoros, fotos, personajes queridos en la ciudad: el entrañable Pileta, Paco Ragel padre, el padre del torero, Manolo Lojo, Paco González el mayoral de Osborne, Antonio Balcón o el Argentinito, antecedente taurino de Galloso.

La peña sigue viva, ahora es en sí misma el museo de aquel fuerte latido gallosista que palpitó en la ciudad, y en su periplo de más de cuarenta años ha pasado por la Calle Zarza, Cruces, San Juan, otra vez a Zarza, y termina ahora en las viejas crujías del brandy en las Bodegas El Cortijo, bajo las restauradas vigas del mejor pino.

El cuadro de Galloso en verde y oro del japonés Jhon Zaragoza, que solamente pintó a tres toreros, Paquirri, Raúl Aranda y Galloso, parece esperar que los propios portuenses disfruten de este museo. El último refugio.

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