Rivera y Aguilar, a oreja por coleta, y Luque, sin opciones

GANADERÍA: Toros de Villa Carmela, bien presentados, faltos de casta y muy desiguales en su juego. TOREROS: Fermín Rivera, ovación y oreja. Daniel Luque, silencio y silencio. Mario Aguilar, ovación y oreja. Incidencias: Plaza Monumental de México. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el ganadero Pablo Labastida, recientemente fallecido.

Fermín Rivera y Mario Aguilar cortaron una oreja cada uno en el séptimo festejo de la Temporada Grande de la Plaza México, un espectáculo claramente dividido en dos mitades: una primera vacía de contenido debido al escaso juego ofrecido por los toros de Villa Carmela y una segunda de más argumento, gracias a que los toros mejoraron un poco su comportamiento. El sevillano Daniel Luque fue el más perjudicado por el desigual juego de los toros de Villa Carmela, ya que su lote no le ofreció opciones.

El primero fue un toro sin raza de Villa Carmela, que protestaba en el engaño y al que Fermín Rivera tragó mucho. Se mostró firme el mexicano y logró extraerle algunos muletazos de buen trazo, sobre todo por el derecho. Por el izquierdo, el toro se le coló y le rompió la taleguilla en un derrote. Supo aprovechar la calidad del cuarto, con el que logró una faena larga que contuvo tandas limpias y ligadas, sobre el derecho. Con la izquierda firmó muletazos de mucha valía por su trazo y su profundidad. Cuando el toro se vino abajo, acortó distancia para que la faena no perdiese emoción. Mató de una estocada entera.

Mario Aguilar tampoco tuvo opción de triunfo grande con el tercero, otro toro de Villa Carmela de raza escasa y embestida incómoda. Protestaba en los engaños, pasaba sin entregarse, miraba al torero... Mario Aguilar, que brindó al público, estuvo firme y supo aguantar el tipo, aunque los muletazos aislados que logró y la gran estocada no fueron suficientes. Fue ovacionado. Cortó una oreja del que cerró plaza, con el que llevó a cabo una labor muy dispuesta desde el principio. Gustó ya su saludo capotero y llevó a cabo después una faena muy interesante y completa, en la que ofreció unas maneras maduras y firmes. Tras una estocada entera, cortó una oreja.

El segundo fue un toro serio, pero muy justo de fuerzas. Lo picaron mal y poco. Daniel Luque dejó algunos detalles con el capote y firmó un inicio de faena muy torero. Brindó al público y tuvo que vérselas con un toro protestón al que robó algún que otro muletazo suelto, corriendo la mano por el derecho, con un par de tandas templadas. No acertó a matar a la primera. El quinto prometió buenas cosas desde la salida y Luque, para confirmarlo, firmó un buen quite a la verónica. El comportamiento del toro, sin embargo, cambió en la muleta y se tornó distraído, reservón, tardo. Luque lo intentó, pero su faena transcurrió sin calar en el tendido.

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