Sólo Adame en espectáculo plúmbeo

El diestro Joselito Adame consiguió lo mejor en la sexta corrida del abono isidril, rozando el triunfo ante su primer oponente, en una tarde que resultó soporífera en su conjunto y en la que saltaron al ruedo hasta nueve toros, tres de ellos sobreros, con un encierro titular de La Palmosilla, podrido en fuerzas. Hasta dos horas y 55 minutos duró el plúmbeo espectáculo.

Una vez devuelto el tercer astado de la ganadería titular, un toro inválido de La Palmosilla, saltó otro de Torrealta, cinqueño, alto, bien armado, que se defendió a cabezazos en el primer tercio. Con este Estudiante estuvo en profesor un Adame con oficio, que supo hacerse con él en las primeras embestidas rebrincadas del animal, con nobleza, especialmente por el pitón derecho. Adame, que había volado con buen aire el capote a la verónica, estuvo muy acertado en una faena en la que acertó en colocación y la distancia; y en el manejo de la franela. Un trasteo que acabó en un arrimón de verdad, pero al que le sobró metraje -escuchó un aviso antes de entrar a matar-. Se tiró a ley, como en la pasada Feria de Abril, para una estocada arriba, que por si misma valía la oreja que el presidente denegó. El diestro dio una más que merecida vuelta al ruedo, entre tanto parte del público abroncó al presidente.

Joselito Adame, en función de su segundo oponente, estuvo por encima de un astado titular de La Palmosilla, flojo y con demasiadas carencias en sus embestidas. El mexicano, valiente, que recibió al astado con una larga de rodillas junto a tablas, brindó su faena a la infanta Elena de Borbón, en una barrera. Comenzó con cuatro estatuarios escalofriantes por lo ceñidos; consiguió tres tandas entonadas con la diestra -único pitón potable del toro- y terminó dando un petardo en el manejo de los aceros, especialmente con el verduguillo.

Manuel Escribano dejó patente su entrega ante su lote. Después de esperar una década para confirmar en Madrid, la efeméride estalló como una pompa de jabón y quedó en nada por un toro sumamente inválido, al que no se picó y anduvo más tiempo por los suelos que de pie. Escribano, al que cedió los trastos Padilla, había recibido a portagayola a Diligente, negro, de 531 kilos, y entre lo más significativo se la jugó en un tercer par de banderillas al quebro, por los adentros.

Escribano tampoco tuvo opción con el quinto bis, de La Rosaleda, un astado sin entrega con el que cerró su participación en este San Isidro, en la única tarde en la que estaba anunciado.

Juan José Padilla, sin suerte, fue silenciado en su lote. Con su primero, un ejemplar de escaso recorrido y con las fuerzas justas, Padilla, fácil en banderillas, realizó una labor desangelada, salpicada de enganchones, tras un brindis emotivo a Adolfo Suárez Illana, que atraviesa una situación delicada de salud.

Tras la devolución del inválido cuarto, saltó un sobrero de González Sánchez-Dalp, cornilevantado, que se defendió durante su lidia y que compartieron en el primer tercio Padilla y Escribano, prendiendo ambos los palos con facilidad y acierto. Padilla, tras brindis del trasteo a la infanta Elena de Borbón, aguantó varias oleadas de gañafones y marró con los aceros.

En plena noche , tras casi tres horas de duración -a falta de cinco minutos-, se había marchado parte del público aburrido. Y sin luz, salvo la de los focos, el mexicano Joselito Adame salía resplandeciente y feliz del ruedo de Las Ventas como único naúfrago en un espectáculo muy dilatado y que resultó soporífero en su conjunto por el naufragio ganadero.

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