Vilches, con garra en una mansada de Cebada Gago

  • El utrerano se juega el tipo ante el peligrosísimo quinto · El debutante César Girón, con el único toro potable en la muleta, no llegó a rematar · El salmantino Domingo López Chaves, sin acierto

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Lejos del huracán de embestidas bravas, la corrida de Cebada Gago fue un muestrario de mansedumbre en distinto grado, con un único ejemplar que se dejó en la muleta, el sexto. Y además, fueron en su mayoría cebadas envenenados, cebadas con cianuro, que tuvieron que tragar una terna compuesta por Domingo López Chaves, voluntarioso, pero desacertado; Luis Vilches, muy firme e importante y César Girón, debutante y que no hizo diana con el único astado potable del encierro. Esa es la lectura de una corrida de ayer, en la Maestranza, con algo más de media entrada en tarde primaveral y de la que el público salió helado, como me imagino que saldrían los ganaderos gaditanos y quienes tuvieron que lidiarla. Pero vayamos por partes.

El que abrió plaza, bien hecho, con dos pitones más astifinos que la mejor afilada navaja de Albacete, punteó de salida en el engaño y lanzó tornillazos por el pitón izquierdo. Suelto en varas, midió en banderillas mejor que el mejor sastre. Y luego, en la muleta, listo y mirón, no llegó a entregarse en los vuelos de la muleta de un López Chaves que no tuvo su día. El salmantino anduvo por momentos con las ideas nubladas y en otras ocasiones acertado, como cuando consiguió hilvanar una serie con ligazón cuando le tapó la cara con la muleta. El animal, tras recibir una estocada se fue a toriles a morir como el manso que apuntó a lo largo de su lidia. No se entiende las palmas de un grupo de espectadores. El torero, ayudado por una cuadrilla desacertada, estuvo a punto de escuchar los tres avisos. Sonaron dos mientras el cebada, dueño de la situación, se echaba en tablas y levantaba a su antojo, ante los fallos del matador con el verduguillo y de uno de sus banderilleros con la puntilla.

Domingo López Chaves se las vio con otro manso, que huía al sentir el hierro y esperó en banderillas. Un regalito al que el salmantino robó pases en una entonada tanda con la diestra. Con la izquierda, pases sueltos y mala sensación en la suerte suprema.

El segundo toro, un precioso cárdeno salpicado, con dos pitones amenazadores, que recibió una ovación de salida, se encampanó ¡Qué belleza! Pero fue todo fachada. En un simulacro del tercio de varas perdió las manos. De nada sirvieron las protestas del público. En banderillas estuvo a punto de ser cogido Manuel Contreras. Nadie estuvo al quite. El toro amaba más las tablas que el toro de la canción ama a la luna. Y aunque Vilches lo intentó sacar a las afueras, su pasión por la madera fue tal que el diestro tuvo que plantarle batalla en ese terreno con el consabido arrimón. En el comienzo de este acto, Vilches se había estirado con buen aire a la verónica.

Luis Vilches estuvo muy importante con el quinto toro, un ejemplar que recibió un puyazo en toriles y posteriormente un puyacito. El utrerano se la jugó insistentemente, aguantando tarascadas por el pitón izquierdo por el que el animal se revolvía rápido y tragó todavía más cuando el toro le buscaba por el pitón derecho.

El debutante César Girón estuvo a punto de ser cogido por el tercero en uno de los lances de salida. El toro, muy manso, huyó en varas como alma que lleva el diablo… ¡un cebada! En banderillas esperó con la cara alta. Girón estuvo voluntarioso. Con el recortado sexto, que manseó en los primeros tercios, el sevillano realizó una faena intermitente, con algunos buenos pasajes con la diestra, que hicieron despertar las ilusiones del público y sonar un hermoso pasodoble. Aquello fue como un sueño en el que también brilló en algún pase de pecho personal, como sucedió en su anterior toro. Cuando el torero citó con la izquierda, su oponente se quedó corto. Girón, que el año pasado toreó tan sólo cuatro corridas, se empeñó en corregir la colocación. Ya no hubo ligazón. Y lo peor, todo acabó con tres pinchazos y un descabello.

Cebada Gago, otra de las corridas más esperadas en este primer tramo de la feria dejó un mal sabor de boca y pasa al debe en el listado de ganaderías toristas que han fracasado sin paliativos.

FICHA DEL FESTEJO. Toros de Cebada Gago, bien presentados, mansos y bruscos en diferentes grados. Los únicos que sirvieron fueron el cuarto y, sobre todo, el sexto, aplaudido este último en el arrastre. Los demás, complicados.

López Chaves: estocada y cuatro descabellos (silencio tras dos avisos); y dos pinchazos y media (silencio).

Luis Vilches: dos pinchazos, media y descabello (silencio); y estocada y descabello (ovación).

César Girón: dos pinchazos y estocada (silencio); y tres pinchazos y descabello (palmas).

La plaza tuvo casi tres cuartos de entrada en tarde soleada y agradable.

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