Vuelta al ruedo para Pérez Mota en Zaragoza, en un festejo de poco contenido

  • La corrida de Jaralta fue noble, mansurrona y blanda, con un cuarto complicado

La vuelta al ruedo que dio el diestro Manuel Pérez Mota fue el escaso balance del segundo festejo de la Feria de San Jorge celebrado en la tarde de ayer en la plaza de toros de Zaragoza, en el que los otros dos matadores de toros alternantes, "Morenito de Aranda" y Alfonso Oliva Soto, se fueron de vacío.

El toro de Jaralta que abrió plaza fue noble pero adoleció de pocas fuerzas, lo que propició que la faena del burgalés "Morenito de Aranda" no pudiera pasar de los pases sueltos y de los adornos pintureros. Lo mejor al final fue la estocada fin que recetó el torero.

El cuarto de la tarde, segundo del lote del arandino, fue un toro bronco y complicado que echó mano al banderillero también burgalés Luis Carlos Aranda y con el que "Morenito" estuvo valiente para aguantar los arreones, coladas y tarascadas de un animal con genio y con malas ideas. El banderillero Luis Carlos Aranda, de la cuadrilla de Morenito de Aranda, ingresó en la enfermería, a la que accedió por su propio pie con una herida interna en su pierna derecha, cogido durante el tercio de banderillas. Tras ser operado en la enfermería de la plaza fue derivado a la Clínica Quirón de la capital aragonesa.

Por su parte Manuel Pérez Mota rayó a buen nivel con su toro primero, al que recibió de rodillas a portagayola, y con el que el matador de toros de El Bosque estuvo por encima de la mansa e insulsa condición de su antagonista, poniendo a la faena la chispa que no tuvo el astado de Jaralta.

Con el quinto morlaco del encierro, un toro manso y remiso, el mismo guión: firmeza del espada de la Sierra para imponerse al deslucido comportamiento del toro de Jaralta en una faena que aunque fue tesonera por su parte, resultó a la postre de escaso lucimiento.

Alfonso Oliva Soto pasó casi inédito en su primer turno frente a un toro flojo de remos al que pasó de muleta a media altura y con el que dejó algún que otro "chispazo" de su personal toreo, pero sin poder llegar a armar faena.

El sexto que cerraba plaza fue un astado que "se dejó" sin más y aquí Alfonso Oliva Soto anduvo más deslavazado, sin coger el pulso a un animal que no se comía a nadie, y con el que, nuevamente, no pasó el matador de toros trianero de los detalles sueltos.

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