"El éxito de Espartaco es el fruto de sus raíces humildes"

  • Presentación, anoche, en el Club Antares de Sevilla, de la biografía del diestro sevillano Relata las vicisitudes del torero desde sus comienzos hasta alcanzar la cima

En el libro Juan Antonio Ruiz 'Espartaco'. El largo y difícil camino del éxito (Editorial Egartorre) se recoge la vida de un hombre que gracias a la entrega y disciplina triunfa en una de las profesiones más duras y exigentes: el toreo. Cuando ayer mismo veía la luz públicamente su biografía, escrita por su amigo y apoderado Rafael Moreno, hemos querido adentrarnos en ese apasionado perfil de aquel niño rubito Juan Antonio -Juan por Belmonte y Antonio por su padre-, que llegó a convertirse con el tiempo en figura del toreo, pulverizando numerosas marcas en la década de los ochenta y que nos dibuja en la entrevista su autor.

-Rafael, ¿qué tipo de biografía ha plasmado?

-No es una biografía al uso. No es un relato de episodios cronológicos que cuenta la vida del triunfador. Recoge la vida de un niño forzado a convertirse en hombre antes de tiempo, lo que sucede a todos los toreros.

-En este género el referente es Belmonte, de Chaves Nogales...

-¡Ya quisiera yo! Sí que escenifica cosas que le pasan a Juan Antonio de niño. Las voy contando de manera heterodoxa. Cosas muy duras. Empiezo por sus raíces, que tienen mucha importancia, como son Espartinas y el medio rural. Y su gente, que le aportan unas características peculiares en la formación de Juan Antonio, que serán decisivas en su comportamiento torero. El éxito de Espartaco es el fruto de sus raíces humildes.

-¿Cuáles son las más destacables?

-Entre sus características se encuentran el sentido de la honestidad, la sinceridad, su entrega por cumplir. Por ello empiezo hablando de sus abuelos y de sus padres. Yo lo conozco siendo un niño y venía a mi casa. Su familia tenía una buena imagen de mí. Nos hicimos amigos. Nos gustaban los toros. Así comenzó nuestra amistad.

-¿Cuál ha sido el desafío más grande de la obra?

-Juan Antonio es una persona que me ha impactado mucho. Para mí es el mejor torero. Pero me ha impactado más como persona. Y eso me daba miedo expresarlo. He podido ver sus silencios, sus miedos, sus incertidumbres. Le descubrí unos valores que le decía que había que contarlos y llegó un momento en que me dijo que había que hacerlo para que lo leyeran y conocieran sus hijos. De ahí la dedicatoria que les hago: "A sus hijos, para que nunca pierdan de vista lo que tuvo que hacer su padre desde niño para llegar donde ahora está". En definitiva, recojo todo eso que no se ve para que se conozca cómo se hace un torero.

-¿Qué otras características destaca de Juan Antonio?

-Su don de gentes. Además, como se torea como se es, Juan dialoga durante la faena con el toro como algo natural.

-¿Qué es lo que más le ha impactado de su personalidad?

-La capacidad de sacrificarse por su gente. Antepone a los suyos por encima de él mismo.

-¿Cuál es la historia más importante del personaje en el libro?

-La relación con su padre -Antonio Ruiz, también torero-. Es difícil de entender, complicada de explicar y necesaria para que haya sido el torero que ha sido. Uno de sus motivos para serlo fue el fracaso o la poca fortuna como torero de su padre. Comienza exactamente sin saber qué es ser torero, pero sí que tenía su padre una herida que tenía que curar él.

-El pasaje más insólito.

-El día en el que iba a tirar la toalla. Torea al toro Facultades, de Manolo González, en Sevilla, y todo cambia por un gran triunfo. Él no había cambiado, pero sí vino ese reconocimiento de un día para otro.

-¿Qué enseñanza se puede extraer de esta lucha de Espartaco?

-El cariño con los suyos y superar la adversidad, sin arrojar nunca la toalla.

-Desde el punto de vista del torero, ¿qué es lo más destacado?

-Utiliza la muleta no como látigo, sino como diálogo.

-¿Cuál sería la máxima espartaquista ante la vida?

-El no entregarse jamás ante el fracaso.

-Por último, ¿se ha guardado algo que no haya querido contar?

-No he contado mi relación con Juan Antonio como apoderado, ni por supuesto su vida íntima. Nunca traicionaría nuestra relación de amistad.

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