El novillero David Galván pasea tres orejas en su debut en la plaza de toros de Quito

  • El diestro afincado en Los Barrios corta un trofeo de cada novillo y otro al novillo que regala

David Galván paseó ayer las únicas orejas del penúltimo festejo de la Feria de Jesús del Gran Poder de Quito. Galván causó una buena impresión con el primer animal, un novillo que fue bajo de raza, no tuvo clase, embistió siempre a trompicones y fue falto de ritmo. El novillero anduvo muy por encima del de Mirafuente evidenciando un concepto basado en la pureza y la sinceridad. No pudo ser una faena lucida, pero el público premió el aroma y la torería del joven diestro con una oreja.

El quinto, que le volteó, no le dejó ligar los muletazos pero sí, de nuevo, mostrarse muy firme y puro. Ofreciendo el pecho al animal, se pasó su embestida por la faja cuantas veces quiso, estando por encima de las complicaciones del animal, que tardó en regresar a los corrales e incluso tuvo que ser ensogado para ayudar a retirarlo del ruedo. Sumó un nuevo trofeo y pidió al presidente el sobrero para regalar, a lo que accedió el usía.

El novillo de Vistahermosa que regaló embistió con raza aunque con poca entrega y mucho genio. Fue complicado someterlo por el fuerte viento que azotó y molestó a lo largo de la lidia, pero el de la Isla de San Fernando acabó imponiéndose con decisión y determinación, a pesar de ser volteado con aparatosidad en un par de ocasiones. Otra oreja más le fue concedida.

El novillero Pablo Santamaría, torero, aplomado y con oficio, atacó siempre con firmeza a su primero y exprimió las virtudes de su oponente sujetando bien al astado en una faena interesante. No mejoró mucho la condición de su segundo, que se defendió echando la cara arriba. Con él, Santamaría volvió a demostrar su progresión mostrándose dispuesto y tesonero, queriendo, con gran firmeza y asentamiento.

El rejoneador portugués Rui Fernades, que cumplió sus tres actuaciones de este año en Iñaquito, pechó con un primer animal de Trinidad feo de hechuras, muy distraído y deslucido, con el que tuvo que echar mano de todos sus recursos tirando de habilidad y oficio para superar las complicaciones de la res. Fue ovacionado. Muy manso fue el sexto y muy meritoria fue la labor del portugués. Ovación.

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