Dos orejas sin gran brillantez

  • Diego Ventura y Leonardo Hernández se repartieron ayer los trofeos en Las Ventas

Aunque muchos madrileños se encontraban pendientes del fútbol, fundamentalmente los seguidores del Atlético de Madrid, el coso monumental de Las Ventas casi se llenó en la novena de la Feria de San Isidro. Curiosamente, una de las grandes ovaciones estalló cuando Leonardo Hernández lidiaba al tercero de la tarde. El rejoneador, sorprendido, suponemos que no entendía aquello. Sucedió en el minuto en el que terminaba el partido del equipo madrileño en Barcelona, proclamándose campeón de la Liga, con espectadores en la plaza puestos en pie y ondeando bufandas de su equipo.

Con una corrida de Fermín Bohórquez, que dio buen juego en su conjunto, Diego Ventura y Leonardo Hernández cortaron una oreja cada uno en un espectáculo entonado y sin gran brillantez.

Diego Ventura, ante ese quinto toro, mansote, con tendencia a tablas, dio la medida de buen lidiador. De salida, enceló bien a Bordador. Estuvo soberbio con Nazarí -¡qué flexibilidad!-, toreando de costado a escasos centímetros de los cuernos. Sorprendió con un caballo debutante, Mandela, de preciosa estampa, que fue muy ovacionado por el público, cuando se adornaba antes de las suertes con un balanceo de alta doma. Fue premiado con una oreja tras un pinchazo y un rejón de muerte. Con anterioridad, ante el segundo ejemplar de Bohórquez, Importante, que embistió con calidad y ritmo, el sevillano realizó una faena buena, mal resuelta en la suerte suprema. Deleite con Maletilla a la hora de recoger al toro en el primer tercio. Destacó en banderillas especialmente a lomos de la yegua Milagro. Y cosechó más palmas con las cortas al violín. Lo que iba para premio quedó en ovación, tras dos pinchazos y un rejonazo mal colocado.

Leonardo Hernández, perseguido por la mala suerte nuevamente, por percances, sumó ayer a este signo la mala suerte de cargar con el peor lote, una papeleta que salvó positivamente, con oficio y seriedad en su toreo. Con su primero, mansísimo, entablerado, Hernández realizó una faena a más, con la aportación de buen toreo a lomos de Verdi y Xarope en banderillas. Cerró su labor con unas cortas al quiebro. Parecía que iba a ser premiado, pero el rejoneador descordó al toro en la suerte suprema y, pese a una fuerte petición de oreja, el presidente denegó la misma. Con el quinto, el pacense construyó una faena con calado ante un toro mansote. En el corazón de la misma plantó lo más granado, luciéndose en banderillas. Destacó con Venenoso y brilló con Xarope en un par a dos manos. Mató de rejón y hubo petición de oreja, que en esta ocasión concedió la presidencia.

Andrés Romero concretó una digna actuación en su confirmación. En el que abrió plaza, en el que su amigo y maestro Diego Ventura le cedió un rejón, como símbolo de la efeméride, realizó una faena desigual ante un toro bueno y con transmisión. Lo más destacado llegó con Guajiro, exponiendo mucho con piruetas delante de la cara del toro a gran velocidad. Su desacierto en la suerte suprema -dos rejones y tres descabellos- supuso un jarro de agua fría. Con el sexto, el onubense volvió a apostar con Guajiro en lances de exposición y espectaculares, aunque sin tanto ajuste como en su anterior faena. Lo mejor, de frente sobre Cantú. Entró en la suerte suprema en las afueras, con la cabalgadura protestando, y falló estrepitosamente con el rejón de hoja de peral, precisando echar a pie para rematar al astado con un descabello.

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