Feria de Abril | Séptima de abono en la Real Maestranza de Sevilla

El rejoneador Andrés Romero corta dos orejas

  • Galán, con los pasajes de mayor altura, y Vicens logran sendos trofeos

Andrés Romero, con una de las orejas cosechadas en La Maestranza. Andrés Romero, con una de las orejas cosechadas en La Maestranza.

Andrés Romero, con una de las orejas cosechadas en La Maestranza. / Juan Carlos Muñoz

LOS amantes del rejoneo se encontraron ayer con la disyuntiva de acudir a La Maestranza o a Espartinas, donde Diego Ventura lidió con éxito seis toros de distintos encastes en solitario en un festejo que suponía un signo de rebeldía contra la empresa de la plaza de toros de Sevilla. El rejoneador sevillano no quería lidiar toros de Bohórquez y la empresa no lo contrató. Así es que, después de muchos años, se quedó fuera Ventura y el cartel estuvo compuesto por Sergio Galán, Andrés Romero y Lea Vicens, quienes se enfrentaron a la citada corrida de Bohórquez, de buena presentación y juego en su conjunto.

Andrés Romero, triunfador numérico, cortó dos orejas -una a cada uno de sus toros-, entre tanto Sergio Galán, que consiguió los pasajes de mayor altura en el toreo ortodoxo, y Lea Vicens lograron un trofeo cada uno en un espectáculo en el que llovió a partir del cuarto toro.

Andrés Romero, quien el año pasado no estuvo presente en las ferias principales, salió a hombros por la puerta de cuadrillas. Se encontró en primer lugar con un toro que dio muy buen juego, al que recibió a portagayola y prendió un rejón que quedó enhebrado. Acertado en banderillas, destacó a lomos de Guajiro, clavando arriba y adornándose con piruetas, varias de ellas muy ajustadas. Cerró con las cortas. En la suerte suprema sufrió un derrote en la pierna derecha a cambio de un rejón certero y fue premiado con una oreja.

Ante el quinto, otro buen ejemplar de Bohórquez, Romero volvió a dar un buen nivel tanto en la monta como a la hora de clavar, con Kabul y Caimán, con el que acortó distancias. Mató de rejonazo, con derrame del toro y el presidente concedió una oreja, solicitando el público la segunda.

Sergio Galán consiguió sus mejores pasajes de la tarde ante su segundo oponente en una faena con ajuste y temple. Tras prender un rejón de castigo, cosechó muchas palmas en banderillas con Titán, llegando con facilidad al público por sus piruetas. Pero lo más brillante llegó después, en dos pares a dos manos montando a Apolo; el segundo yendo hacia el toro al pasaje y clavando en corto cuando el astado echó la cara arriba. Un rejón al primer envite fue la rúbrica para un trofeo.

En el que abrió plaza, encelado de salida, Galán realizó una faena desigual en la que lo más ovacionado fue el juego a dos pistas, montando a Ojeda y unas banderillas cortas que parecían un homenaje a don Ángel Peralta porque las clavó con un caracoleo -girando sobre el toro en una secuencia sin tiempos muertos-.

Lea Vicens contó con un gran lote. Su primer toro, bravo, con transmisión, lo brindó, sombrero al cielo, a Ángel Peralta, su maestro, fallecido recientemente. Estuvo desacertada en su faena e incluso se le cayó una rosa en el epílogo. Logró lo mejor con Gacela, clavando al quiebro. En la suerte suprema también falló.Con el sexto, un toro con mucha clase, hubo voluntad y más acierto a la hora de clavar en una labor en la que con Bético toreó a dos pistas y prendió un par al violín. Mató de pinchazo y rejón y le fue concedida una oreja como premio.

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