Un valiente Román corta una oreja en la tarde de su presentación en Las Ventas

  • La novillada de Fuente Ymbro fue seria y honda pero, a excepción de un par de utreros, ofreció un juego manso y áspero

No fue tarde para amedrentarse. Una de Fuente Ymbro, áspera y geniuda, con la que los espadas debían poner toda la carne en al asador para emocionar y convencer a unos tendidos ávidos de encontrar jóvenes promesas que apuesten, se la jueguen y muestren una actitud que denote sus ganas por llegar a lo más alto.

Y así estuvo ayer el debutante Román, valiente y suficiente a más no poder. No se escondió en ningún momento con dos astados nada fáciles, todo lo contrario, estuvo entregado y muy comprometido, a pesar de que la oreja que cortó al final no fue del todo rotunda. Apostó firme con su primero, un manso que se rajaría a las primeras de cambio y que, lejos de rehuir la pelea se defendió con malas ideas.

Faena emocionante por lo valiente y hasta temerario que estuvo el valenciano al hilo de tablas, también por el nervio que puso y lo mucho que se la jugó ante un animal complicado de verdad, al que acabaría pegando muletazos nada fáciles de extraer. Escapó de milagro de la cornada en las manoletinas finales.

El quinto fue novillo de armas tomar. Muy informal y distraído en los capotes, "hizo hilo" en banderillas y se movió rebrincado y con brusquedad en la muleta.

Román no se afligió, y tras brindar a la parroquia, estuvo nuevamente valentísimo, muy quieto y seguro, con arrojo y suma decisión. Faena de querer, no tanto de resolución artística, pero la actitud que mostró fue, sin duda, extraordinaria.

Ya está dicho que la oreja que paseó se antojó un tanto excesiva, fundamentalmente por la falta de contundencia con la espada.

Diéguez entró en San Isidro gracias a las dos buenas actuaciones del pasado verano en esta plaza, y aunque no pudo alcanzar el triunfo, sin embargo, dejó algunos apuntes en su blandengue primero.

Toreo de suavidad y cierta gracia a derechas en muletazos de uno en uno por la falta de motor del astado, que le obligó siempre a corregir la posición, por lo que la faena careció de ritmo y continuidad.

Meritorio fue también el aguante que mostró ante los parones de su antagonista, que lo llegó a lanzar por los aires en una espectacular voltereta.

El cuarto sembró el pánico al saltar al callejón por el burladero del "nueve", hiriendo a un empleado de plaza. Resuelto este desafortunado episodio, Diéguez llevó a cabo una faena de largo metraje ante un novillo bronco y a la defensiva, que acabaría parándose.

Le gente venía con ganas de ver a Garrido después del triunfo en la tarde de su presentación en Madrid, el pasado 1 de mayo.

Su primero, en el que enseñó un variado repertorio capotero, fue novillo de codiciosas embestidas, al que no logró templar en una labor acelerada y un tanto desigual, ya que a pesar de algún que otro pasaje estimable, se dejó tropezar más de la cuenta, desarme incluido.

Espoleado por el triunfo del compañero anterior se fue Garrido a la puerta de toriles a recibir al sexto, manso sin disimulo, con tendencia a salirse suelto y refugiarse en tablas, con el que anduvo dispuesto y batallador, aunque sin poder brillar.

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