Amor de padre entre líneas

  • '#papiconcilia' es un 'ebook' que pretende romper con los prejuicios de género existentes al hablar de conciliación De los 24 hombres que narran sus experiencias, tres son sevillanos

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Baja por maternidad, permiso de lactancia, reducción de jornada laboral, excedencia... son términos asociados casi de manera irracional a la mujer que ha sido madre. Llegado el momento de solicitar algunos de estos derechos, aún se hace más impensable caer en la cuenta de que quizás detrás de estos conceptos se halle un hombre, un padre que quiere acogerse a la ley y disfrutar de la crianza de sus pequeños. Esta historia se enreda aún más cuando la empresa, los compañeros e incluso amigos y familia, sorprendidos de que sea él y no ella quien haga uso de estos permisos, no aceptan de buen grado o ven cuanto menos raro que un hombre en pleno siglo XXI esté dispuesto a renunciar a horas de trabajo y sueldo para dedicarle tiempo a sus vástagos. En definitiva, la conciliación familiar, ese ideal sobre el papel pero que en la práctica tantas fatigas causa, sigue siendo un reto para mujeres y hombres en este país. Foros y movimientos ciudadanos la defienden y en la red ya han surgido iniciativas que la reivindican. Es el caso de Usúe Madinaveitia que, tras el éxito del ebook #mamiconcilia, dio la palabra a ellos con #papiconcilia, un libro electrónico que recopila 24 historias de padres implicados en la educación de sus hijos. Tres de estos padres viven en Sevilla y cuentan sin ningún tipo de tabúes sus experiencias a la hora de gestionar vida familiar y laboral.

A las seis y cuarto de la mañana suena el despertador en la casa de Joaquim Montaner. Comienza una intensa jornada que no verá su descanso hasta las 21:30, cuando sus seis hijos, de 14 a 6 años, se van a la cama. Aún recuerda los primeros días en casa cuando se fue a vivir con su mujer y los cuatro hijos que ésta aportaba a la relación. "Tras la pantalla del ordenador, miraba el panorama y no tenía ni idea de nada", bromea. Pronto aprendió a dominar la situación y llegaron dos hijos más, no sin sacrificios por parte de ambos progenitores. "Los dos trabajamos en el SAE (Servicio Andaluz de Empleo) y nos hemos compenetrado, aunque no hemos podido reducir jornada por el tema económico, ya que no podríamos afrontar los gastos si nos redujéramos".

Aun sin acortar la jornada, en ocasiones, sí se ve obligado a solicitar días de permiso sin retribuir, "por ejemplo, por enfermedad de algunos de los pequeños", aunque reconoce que no ha tenido trabas en el entorno profesional que, incluso, le permite trabajar desde casa.

Auténticos malabarismos tiene que salvar a diario para coordinarse y que todo salga según lo planificado. "Hemos conseguido que los seis niños vayan al mismo colegio. Al recogerlos, a las cuatro, empieza el trabajo de verdad".

Preocupado por el tema de conciliación y crianza en los hombres, Joaquim Montaner saca tiempo para investigar por internet en este tema y su web, Papanoara, se ha convertido en un catálogo donde hallar el centenar de webs-blogs en habla hispana que tratan este asunto. En su relato publicado en el ebook, De corresponsabilidad a responsabilidad, lo deja claro: "Al final la conciliación no es más que un equilibrio armonioso entre pareja, hijos y empresa... Se trata de sentirse todos felices".

Especialmente sensible con la maternidad se declara Jorge Romero, quien ejerce de matrona en el Valme y explica sentirse orgulloso de dedicarse a una de las profesiones "más emocionantes y bonitas del mundo". "Estoy en el momento que empieza todo". Su mujer es también matrona y, desde que llegó su pequeña, ésta se redujo la jornada en un 30%. Él juega con los cambios de turno asumiendo más guardias. Le cuesta horas de sueño y hace "encajes de bolillos" para arañar todas las horas posibles con sus hijos. "Tengo tres hijos, la pequeña de mi actual pareja y otros dos de 11 y 9 años de mi anterior relación".

En su relato, La cuadratura del círculo, cuenta como en el proceso de separación el abogado se sorprendió cuando solicitó el poder almorzar todos los días con sus hijos. "A su madre no le daba tiempo a recogerlos del colegio hasta que salieran del comedor, por lo que propuse verlos a la hora del almuerzo todos los días, que comieran conmigo en lugar de en el colegio". Son dos horas de las que disfruta y por las que hace un verdadero puzle con tal de no faltar a esa cita. "Estoy convencido de que la educación y los valores se consiguen a base de horas de convivencia. Con la pequeña hemos decidido que no irá a la guardería, que disfrutaremos de ella en estos primeros años", detalla, y añade: "He renunciado a oportunidades laborales porque me impedían almorzar con mi familia".

La facilidad que en el centro hospitalario encuentra para cambiar turnos y sus jornadas de 12 horas, dos seguidas, la primera diurna y la segunda nocturna, que le otorgan cuatro días de descanso le permiten no perderse los primeros días de colegio, las actuaciones en fiestas de la escuela, etcétera. "Por todo ello mi fortuna es doble: trabajo que me apasiona sin renunciar a mi familia", reseña en el relato.

Ser padre primerizo no es fácil, pero cuando a esta situación se suma que es por partida doble, todo se vuelve más emocionante y complicado. Es el caso de José María Ruiz, diseñador editorial que en 2011 vio como la llegada de sus mellizos cambió su vida por completo. "Hace cinco años no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar, es más, ni me planteaba la parternidad", comenta. Basta no proponerse algo para recibir doble ración. De ahí el título del relato que presenta en #papiconcilia, Mis dos tazas de caldo.

Ya durante el embarazo, el entusiasmo por la llegada de los pequeños le impregnó, poniendo en pie un blog, La parejita de golpe, que hoy ha alcanzado un importante número de seguidores fieles interesados por los asuntos de la corresponsabilidad, la igualdad o la conciliación, entre otros temas relacionados con la crianza, y que ha sido galardonado como mejor blog de Sevilla por Blogosur en 2014.

Con la llegada de los niños el cambio fue "radical". "Además, teníamos claro que no queríamos llevarlos a la guardería. La decisión de tener a los niños en casa a mi cargo cayó por su propio peso al comprobar los gastos -siempre el doble en todo- que acarrearía tener a los mellizos en un jardín de infancia".

Su mujer es profesora en un instituto, así que las mañanas serían para papá y las tardes para mamá. "Yo reduje la jornada laboral las dos últimas horas, porque entro a trabajar por la tarde y salgo por la noche. Bien temprano estoy en marcha con los pequeños. Nuestras familias no viven aquí para ayudarnos en el día a día. Si quería llevar un orden en los horarios y ver a mis hijos, no tenía más remedio que recortar".

De su experiencia destaca como aún son muchos los prejuicios sociales presentes respecto a la crianza por parte del hombre. "A veces, en el parque, me paran con mis hijos y sorprendidos exclaman: ¡Qué guapos los ha vestido su madre! Como si yo no pudiera tener el sentido del gusto o haberlos vestido".

Éstas son tan sólo tres historias, las sevillanas, de un libro electrónico que también contiene voces del resto de España y países como Venezuela, Perú y Francia. Todos de diferentes profesiones, turnos y circunstancias familiares, pero a los que les une un mismo objetivo: ser padres y contar orgullosos cómo disfrutar al máximo de esa experiencia.

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