Comer para adelgazar

  • La fuerza de voluntad no logra vencer el mecanismo natural que se activa con la dieta ni su efecto rebote

Cuanto más restrictiva es la dieta, más intensos serán los atracones. Cuanto más restrictiva es la dieta, más intensos serán los atracones.

Cuanto más restrictiva es la dieta, más intensos serán los atracones. / m. g.

Se acabó el verano y los kilos de más se quedan con nosotros hasta no sabemos cuándo. Es posible que, en una época de su vida, cuando era más joven, comiera de todo, no se preocupase por la comida y su peso se mantuviera sin ningún problema. Ese era su peso natural y probablemente no se pesaba porque su cuerpo mantenía el peso de forma automática. Y es que el cuerpo se autorregula solo, mantiene las constantes vitales dentro de unas horquillas o rangos y así sigue funcionando de manera óptima. A esto se le llama técnicamente homeostasis. El cerebro, desde el hipotálamo, autorregula el peso. Así cada persona tiene un peso natural que se mantiene dentro de un rango de fluctuación y que depende de la herencia genética. Cualquier cifra dentro de este rango es el peso natural. Pero llega el día en que se sube a la báscula y la losa del sobrepeso está ahí. La dieta pasa por la cabeza, ¿pero realmente es efectiva?

Desde Navarro Clínica comentan que, si se ha hecho dieta alguna vez, es casi seguro que haya tenido el efecto rebote y haya recuperado el peso. ¿Por qué sucede esto? La explicación es que las dietas interfieren en el sistema natural de regulación del peso. "Tu organismo está diseñado para mantener el peso natural que genéticamente te corresponde y cuando haces una dieta porque tienes unos kilos de más, y bajas de peso rápidamente, el hipotálamo no sabe si es una dieta o una hambruna y reacciona para que recuperes el peso perdido y sobrevivas", explica Luis Navarro, director de la clínica.

Cuando se hace una dieta, una serie de ajustes en el cuerpo hacen que se reduzca el metabolismo, es decir, que se consuma menos energía para mantener las funciones vitales del cuerpo, que se sienta irritabilidad y ansiedad por la comida, que se desee comer y que prácticamente no se pueda evitar. Es el efecto rebote. La fuerza de voluntad no logra vencer el mecanismo de supervivencia que se activa cuando se pierde peso rápidamente para que se recupere. "La alternativa para adelgazar es dejar las dietas, la mentalidad de dieta, el control sobre la comida, la obsesión por el peso y el rechazo al cuerpo y, progresivamente, conectar con el cuerpo y permitir que los mecanismos internos de hambre y saciedad nos guíen a la hora de comer y de parar de comer", afirma Navarro.

El sistema de regulación del peso es muy eficiente. Una persona consume en un año un millón de calorías de promedio y mantiene el peso natural con una precisión del 99,5%. Si se multiplica esto por 70 años sin hacer dietas y manteniendo el peso natural, es un mecanismo asombrosamente sofisticado y preciso. Es un proceso automático, es como la respiración: funciona solo.

Como el cuerpo autorregula el peso automáticamente, ¿qué sucede cuando queremos manipular e influir en este mecanismo? La respuesta la encontró el doctor Ancel Benjamin Keys. En 1945 realizó un estudio en Minnesota, después publicado con el título Biology of Human Starvation, con 32 voluntarios que estaban en estado óptimo de salud. Durante seis meses estuvieron en un estado de semihambruna con el objetivo de que perdiesen el 25% de su peso y para ello ingerían un promedio de 1.570 calorías diarias. Observaron estos cambios en los voluntarios, similares a los de las dietas: la tasa del metabolismo se redujo en un 40%; estaban obsesionados por la comida; engullían vorazmente o comían lentamente, alargando las comidas; cambios de personalidad y en muchos casos el principio de apatía, irritabilidad, mal humor y depresión. Después de seis meses de hambre controlada, les permitieron comer lo que querían y los ataques de hambre se hicieron más intensos y el hambre era insaciable. A la mayoría de los participantes les costó un promedio de cinco meses normalizar su alimentación.

Millones de personas han hecho dietas después del Minnesota Starvation Experiment desde 1945 y no hay ningún estudio científico, en 62 años, que muestre que las dietas permiten mantener los kilos adelgazados a largo plazo, salvo en una cantidad ínfima de personas.

El mayor estudio y más largo en el tiempo, se realizó a partir de 1991, es el llamado Women´s Health Initiative (Iniciativa de Salud de la Mujer). Más de 20.000 mujeres siguieron una dieta baja en grasa e ingerían un promedio de 360 calorías menos al día. Después de casi ocho años siguiendo esta dieta el peso seguía igual que al principio y además la grasa abdominal había aumentado.

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