Derribo de barreras en Oriente

  • La Diputación de Sevilla colabora con Movimiento por la Paz en la inclusión de personas con discapacidad en un campo de refugiados palestinos

Una carretera de tráfico denso lleva a Zarqa desde Ammán, la capital de Jordania, en apenas media hora, y justo a la entrada de esta bulliciosa ciudad, de las más industriales del reino, se abre una calle polvorienta que atraviesa las vías del tren y se adentra en el campo de refugiados palestinos. Es el primero que se instaló en el país, allá por 1949, un año después de la guerra árabe-israelí que dio comienzo al desplazamiento de más de cinco millones de palestinos que hoy hay refugiados lejos de sus casas.

Aquí, a más de 3.800 kilómetros de distancia de Sevilla, es donde ha crecido Ayat Azazey, una chica de 17 años con un síndrome físico por el que ha tenido que luchar contra muchas barreras, empezando por los obstáculos arquitectónicos: basta con ver el mercado diario que recibe a quienes se adentran en el campo, esparcido con aparente caos sobre las propias vías de un tren que ya no funciona (es parte de una línea centenaria que unía Ammán con Damasco), para imaginarse cómo es el resto de esta microciudad levantada en precario sobre lo que primero fueron tiendas de campaña y hoy son casas que se arremolinan en torno a estrechos callejones con aire de provisionalidad que dura ya más de 60 años. "Por su movilidad reducida, las limitaciones que se encuentra en su entorno, tanto arquitectónicas como sociales, le dificultaban mucho su día a día en el colegio y apenas podía desarrollar tareas de forma independiente en casa", cuenta Raquel Val, coordinadora de proyectos de Movimiento por la Paz en Jordania, pero gracias a los fondos aportados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y otros donantes como la Diputación de Sevilla, hoy Ayat ha podido superar muchos de los obstáculos que tanto a ella como a cientos de niños palestinos les impiden acudir a diario al colegio y disfrutar así de su derecho a la educación.

Ella obtuvo una silla de ruedas y se realizaron obras de accesibilidad tanto en su casa como en el colegio. Este es uno de los resultados tangibles de un convenio de alcance regional desarrollado por Movimiento por la Paz de Mejora de las condiciones de vida, la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad en Líbano, Jordania y Territorios Palestinos, financiado por Aecid y que en el caso de Jordania se implanta en el campo de refugiados palestinos de Zarqa, donde esta ONG cuenta con la labor de su socio local, Community Development Committee (CDC). Iniciado en 2010, este convenio finalizará al cabo del presente año, "por lo que es importante que las organizaciones locales puedan dar continuidad a los proyectos puestos en marcha", remarca Raquel. Por lo que se refiere a los realizados con la cofinanciación de la Diputación de Sevilla, cuya aportación asciende a 23.000 euros, se ha intervenido en 14 edificios para su adaptación con criterios de habitabilidad (cinco públicos y nueve viviendas) e inclusión social y se ha equipado el Centro de Rehabilitación gestionado por CDC, donde 257 personas con discapacidad física o mental han recibido tratamiento.

El programa hace especial hincapié en la concienciación, defensa y promoción de los derechos de personas con discapacidad, por lo que también se ha llevado a cabo un amplio esfuerzo de formación. De septiembre de 2011 a diciembre de 2012 -periodo del convenio en el que ha participado la institución sevillana-, 41 familiares de personas con discapacidad, 17 integrantes de la plantilla de CDC y 95 proveedores de servicios (profesores, funcionarios…) han sido formados para aplacar la lacra de la exclusión que sufre este lugar.

Las condiciones sociales no son fáciles, y menos aún para las personas con discapacidad: en el campo de refugiados viven cerca de 5.000 palestinos, aunque en todo Zarqa hay registrados unos 20.000 por la Unrwa (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo). Según datos de CDC, la tasa de paro en el campo supera el 65%, pero alcanza el 78% entre las personas con discapacidad, cuyas familias muestran un grado de analfabetismo del 26,5%, frente al 7,6% del conjunto de refugiados. Además, la incidencia de la discapacidad es muy elevada en el campo, lo que agrava el problema, y es que un quinto de las familias aquí tiene personas con discapacidad, lo que supone un 3,7% de la población total -4,6 veces más que en el conjunto de Jordania-. Esto es así porque entre los refugiados es común el matrimonio con un alto grado de consanguinidad, además de la precaria atención médica durante el parto y los primeros años de vida de los niños del campo.

Rana Salem, coordinadora del proyecto de CDC, subraya que aún queda mucho por hacer en Zarqa y que cada día se enfrentan a "barreras como la accesibilidad arquitectónica, pero también las actitudes sociales negativas hacia la discapacidad" y, cómo no, "los recursos limitados para facilitar la integración". Por eso recalca que programas y acciones como ésta que apoya la Diputación de Sevilla son "esfuerzos necesarios para que la labor desarrollada sea sostenible en el tiempo", y permita que personas como Ayat puedan hacer una vida normal en un lugar que no es normal desde hace más de 60 años.

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