Veinte años de ovejas y pastores

  • Tras dos décadas en marcha, la Feria del Belén capea la crisis gracias a los turistas y una clientela fiel

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Como cada mes de noviembre desde hace 20 años, pastores, camellos y ángeles vuelven a poblar el centro de Sevilla. La vigésima edición de la Feria del Belén abrió sus puertas el pasado día 9 entre la Catedral y el Archivo de Indias, la ubicación que tiene desde que hace cuatro años dejó la Plaza de San Francisco. Hasta el 23 de diciembre, los 14 expositores presentes en la muestra esperan, con optimismo, mantener las ventas del año pasado. "Sería un logro, pero esperamos conseguirlo, sobre todo si el tiempo nos respeta durante el puente de la Inmaculada", afirma Santiago Fernández, presidente de la Asociación de Comerciantes del Belén de Sevilla (Acobe).

Lourdes Ruiz, de Belenes San Juan Bosco, comparte la esperanza del aumento del volumen de negocio para los días festivos de diciembre. Ruiz achaca la tranquilidad de la primera semana a la prontitud de la apertura: "Ahora es el momento de ver lo que falta en cada casa, pasearse por aquí, preguntar".

Esta belenista señala la variedad de público que acude a esta tradicional muestra, que va desde la familia que lleva poniendo el belén durante décadas y busca únicamente un detalle, hasta el matrimonio que ha tenido su primer hijo y compra un pequeño nacimiento. Como curiosidad, Lourdes Ruiz, afirma haber detectado un mayor interés este año entre los niños de 10 a 12 años, que, a su juicio, "cada vez se involucran más en el montaje del nacimiento".

Carmen Domínguez, del establecimiento Olga Bobadilla, incide en la existencia de otro tipo de público: el turista extranjero. "Yo llevo años diciendo que la feria se salva por los guiris". Esta joven asegura que a los foráneos les parece muy llamativo la minuciosidad de las miniaturas que hay en casi todos los expositores de la muestra: "Suelen llevarse las cosas que le decimos que son típicas de aquí, como la pata de jamón y el cuchillo jamonero o un mortero para triturar ajos y para hacer gazpacho".

No solo hay turistas extranjeros en la Feria del Belén, sino que también hay personas que vienen a comprar sus artículos desde distintos puntos de España, como Mari Ángeles Romero. Esta madrileña aficionada al montaje de nacimientos se lleva once ovejas -diez blancas y una negra-, dos patos y tierra azul para el río. Esta turista reconoce sorprenderse ante la variedad de productos y por la limpieza y el orden en el que están colocados los expositores.

Esta puede ser una de las razones que expliquen la buena reputación que tiene la muestra, "la mejor del país", según Joaquín García, de Alfares. Por su parte, Ana Díaz, de la tradicional tienda de belenes Pichardo, cree que el prestigio de la feria sevillana se debe a la calidad que viene atesorando en sus 20 años de experiencia: "Aunque al principio la gente estaba despistada, gracias al boca a boca fuimos creciendo poco a poco". Díaz señala el constante aumento de las ventas hasta los máximos de 2007, que de momento siguen sin remontar.

Esta comerciante, que ha estado en todas las ediciones desde su inauguración en 1994, no cree que el nuevo emplazamiento suponga una desventaja, aunque reconoce que gran parte del público sigue considerando la Plaza de San Francisco como su lugar natural. De la misma manera se posiciona Manuel López, de la Antigua cerería del Salvador: "Antes estábamos en un enclave único, pero aquí vamos cogiendo nuestro sitio".

López hace hincapié en la especialización que ha ido experimentando la Feria del Belén de forma paulatina en función del género que vendían sus expositores: "Al principio estaba un poco por definir y había adornos navideños, figuras de Papá Noel o espumillón, pero ahora sólo tenemos artículos para los belenes". Esta especialización es uno de los elementos que destaca el presidente de Acobe cuando hace balance de las dos décadas del evento: "Hubo un tiempo en el que se vendió mucho plástico y resina, pero la tendencia ahora es volver al barro y los productos artesanales", sentencia. En poco más de un mes, se sabrá si esta apuesta por la calidad ha dado finalmente sus frutos.

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