Dos décadas cultivando la salud

  • La Ortiga, colectivo andaluz de consumidores y productores ecológicos, celebra su 20 aniversario

Otoño de 1992. Un grupo de productores ecológicos de Cádiz y Sevilla, que exportaban fuera de España toda su producción, perdieron, "como consecuencia de un fraude de la Administración", sus canales de comercialización. Aunque la agricultura ecológica se reguló en el país en 1989, prácticamente toda la producción de la zona de este tipo se exportaba en aquella época. Esta situación de desamparo impulsó a los agricultores andaluces a ponerse en contacto con un grupo de consumidores afines con la agricultura ecológica, naciendo así la Asociación de Productores y Consumidores de Productos Ecológicos y Artesanales La Ortiga. Así lo cuenta Itziar Aguirre, la primera presidenta del colectivo, que cumple 20 años. "La Ortiga nació legalmente el 8 de junio de 1993 de la mano de cuatro productores y 23 consumidores. Hoy, 20 años después, constituidos como cooperativa desde 2001, la forman 700 socios consumidores y 20 socios productores".

Tras pasar por diferentes sedes en la calle Moratín y Triana, La Ortiga cuenta con su propia tienda y sede social en el centro, en la calle Cristo del Buen Fin, desde el verano de 1998. Su crecimiento, tanto económico como humano, en estas dos décadas ha sido tal que, en 2008, la cooperativa decidió abrir una nueva tienda en Sevilla Este. En ambos locales, la oferta alimenticia es bastante variada, tanto en productos frescos como envasados, todos ellos 100% ecológicos, es decir, alimentos cuya producción se basa en una técnica agraria que prescinde del uso de fertilizantes químicos, pesticidas, fitohormonas y otros productos químicos. "Nosotros entendemos que el consumo ecológico es salud y la salud es vida", explica Itziar Aguirre. Del mismo modo, La Ortiga sigue las pautas del Comercio Justo y el precio de los alimentos lo establecen los propios productores.

"Detrás de esta cooperativa de consumidores hay mucho más que un acto de comer sano. Funcionamos como una herramienta de transformación social, apoyamos al productor y llevamos a cabo sistemas propios de una economía social. Por ejemplo, hace unos años ayudamos, mediante la financiación colectiva, a un agricultor a comprar la finca colindante a la suya; y, ante las fuertes lluvias, organizamos jornadas de trabajo de voluntarios para arreglar las fincas dañadas y prestamos dinero a los agricultores para que puedan recuperase lo antes posible", explica Aguirre, profesora, además, de la Universidad de Sevilla.

Según datos de la propia organización, La Ortiga mueve al año unos 500.000 euros y genera seis puestos de trabajo. Uno de estos empleados es Fernando Álvarez, vecino de Sanlúcar la Mayor y, además, uno de los productores fundadores de esta iniciativa.

Tanto Fernando como Itziar coinciden al afirmar que "comprar frutas y verduras en La Ortiga es mucho más barato que hacerlo en un supermercado convencional". "Basta de mitos. Comer sano no es caro", manifiesta la profesora de la Hispalense. "En la agricultura ecológica desaparecen los intermediarios, por lo que los productores pueden ofrecer precios muy competitivos. Me atrevo a decir que comprar productos frescos aquí puede ser hasta un 50% más barato que en una frutería convencional sevillana".

Sin embargo, la propia Itziar admite que esta teoría es fácilmente desmontable en el caso de los productos transformados y envasados. "Se trata de empresas muy pequeñas que usan procesos naturales de conservación y técnicas artesanales a pequeña escala. Esto aumenta los costes de producción. Sí, comprar un tarro de judías verdes en una tienda de productos ecológicos es más caro que en un supermercados convencional. Pero nosotros preferimos pagar un poco más y saber que lo que comemos no lleva productos químicos", asegura Itziar Aguirre. "Estos tóxicos son los causantes de los desarreglos hormonales, los cánceres y todas las demás enfermedades del siglo XX y XXI".

Lola, socia de La Ortiga desde hace 15 años, escucha la conversación mientras hace la compra y decide intervenir. "Quizás a final de mes tenga un poco menos de dinero, pero merece la pena. La fruta no sabe igual que la de los grandes supermercados. Cuando llego a casa con el carro de la compra, mi cocina huele a campo, a una auténtica huerta", señala esta consumidora. "Tengo 70 años y estoy segura de que me conservo tan bien gracias a que la mayor parte de mi vida he comido productos ecológico", insiste.

La oferta hortofrutícola es bastante variada en La Ortiga. A los clásicos tomates o boniatos se suman otros productos autóctonos de la región como la sandía blanca, el calabacín redondo o la zanahoria morada. Un gran tablón indica de dónde procede cada uno de los productos frescos que esa semana están a la venta y qué alimentos han sido cultivados en invernaderos y cuáles no. La transparencia es clave.

Cualquier persona puede comprar aquí, sea socio o no. Lo que varía es el precio, ya que a los no socios se les aplica a su cesta un 10%. No obstante, la cooperativa esta abierta a la entrada de nuevas personas, lo que supone una cuota anual de 50 euros. Y a por otros 20 años.

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