Los dulces que nunca empalagan

  • Mucha gente aprovecha la Muestra Anual de Dulces de Conventos de Clausura para hacer sus compras gastronómicas navideñas.

Veintisiete años lleva celebrándose la Muestra Anual de Dulces de Conventos de Clausura y la imagen de cientos de ciudadanos haciendo cola para comprar mantecados, turrones, mermeladas, etcétera, siempre se repite. "Nunca nos cansamos; todos los años hacemos las compras de los dulces navideños aquí", comenta Juana Martín mientras guarda su turno a las puertas del Patio de Banderas.

Una vez dentro del Palacio Gótico del Real Alcázar, Juana, como otros tantos, no puede reprimir sus instintos más golosos y, en menos de media hora, llena su cesta de suculentos manjares. El que nunca falta: "Unas yemas de San Leandro de toda la vida".

Quien nunca ha faltado a esta cita es Aurea, una de los 80 voluntarios que prestan su colaboración en la venta de los productos que se elaboran en las cocinas de los 19 conventos de Sevilla y provincia que participan en esta edición. "Es muy importante recaudar fondos a través de la venta de los dulces para restaurar los conventos que están ruinosos. Además, este año con la crisis, las monjas han elaborado cajas más pequeñas y, por tanto, más económicas. Desde unos 5 euros se pueden comprar cajas de dulces".

Hasta mañana, de 10:00 a 19:00, se mantendrá abierto este mercado que se renueva con los años. Vicente Fernández es un cliente fiel y "siempre pregunto en los diferentes expositores si este año traen alguna novedad; por ejemplo, he comprado los pastelillos de gloria que las clarisas de Estepa tienen por primera vez y las mariclaras, de las religiosas de Santa María de Marchena, unos bizcochos rellenos de bienmesabe y cidra".

Y de los ingredientes se pasa a las recetas. En la muestra algunos voluntarios ofrecen consejos prácticos de cómo aprovechar lo adquirido. "He comprado una mermelada y me han explicado cómo usarla en la cocina, más allá de tomarla para desayunar con pan. Ahora, ya tengo una receta para Navidad", cuenta a la salida Carmen Gámiz, quien, al igual que las religiosas no quiere desvelar el secreto de su receta: "Es una sorpresa para Nochebuena".

Dar un paseo tranquilo en el lugar resulta complicado por el bullicio, pero siempre merece la pena porque en el Alcázar lo dulces que se venden tienen la garantía de poseer un sabor divino.

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