Las garrapiñadas mijeñas que triunfan en Sevilla

  • Manuel García llegó hace tres años al puente de Triana con un carrito de venta ambulante y aquí piensa jubilarse

Quien visita Mijas Pueblo, además de quedar maravillado con sus casas encaladas y, cómo no, con sus famosos burritos, se lleva consigo el indescriptible olor y sabor de las garrapiñadas. Varios carritos de venta ambulante distribuidos por la zona más céntrica del municipio deleitan a los visitantes con la elaboración en vivo de variedad de frutos secos bañados en caramelo crujiente. Manuel García Burgos recuerda que era sólo un niño cuando un granadino instaló en el municipio este peculiar atractivo turístico. Desde entonces, él mismo aprendió a elaborar con tal maestría el goloso tentempié que ahora, décadas más tarde, se ha atrevido a exportar el modelo a la capital andaluza, con un éxito rotundo.

En plena crisis económica, tras haber pasado por varias cocinas de los hoteles de la Costa del Sol, Manuel decidió cambiar los fogones turísticos por su olla de garrapiñadas, con la que se fue hasta el puente de Triana. "Como en Málaga estaba muy difícil el trabajo, solicité la licencia para un carrito en Sevilla y me instalé aquí tan estupendamente que llevo ya casi tres años", comenta.

Reconoce que la idea partió de su mujer, que, sevillana de nacimiento, se percató de las posibilidades que el modelo mijeño podría tener en Sevilla. Y tras varios años de experimento puede decirse con seguridad que acertó. Manuel gasta al año 4.000 kilos de azúcar, una cifra que da cuenta de los frutos secos que llega a endulzar y vender. Se atreve con cualquier variedad, porque "no sólo se hacen garrapiñadas con almendras y cacahuetes" sino también con nueces y hasta con pipas de girasol.

Pero también reconoce que es un trabajo delicado: "Te tienen que salir buenas y a mí me salen buenísimas", matiza. Y es que aprendió la técnica desde muy joven y la trabajó durante años. "Hace 35 años ya las vendía por Fuengirola y Mijas" y recuerda que la misma atracción que despertaba entonces la olla de garrapiñadas entre los turistas, y también entre los lugareños, la sigue cosechando hoy día en Sevilla; vamos, que no hay extranjero que se resista a hacerse una foto junto al carrito ni sevillano que no caiga rendido al sabor de la dulce garrapiñada. Así que este mijeño de 54 años tiene claro que, salvo por causas mayores, seguirá en el puente trianero y ésta será su ocupación hasta que se jubile.

El negocio conlleva, no obstante, un gran sacrificio y mucho trabajo. Manuel vende cada día estos manjares de 10:00 a 22:00. Pero el trabajo no acaba ahí, porque en casa sigue elaborando productos para el día siguiente. Además de garrapiñadas, ofrece almendras tostadas o fruta deshidratada, entre otros productos. Únicamente descansa los lunes y algún que otro fin de semana en los que que viaja a Mijas a visitar a sus hijos, a sus hermanos y a su madre. Y, claro está, el mes de agosto, por el calor.

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