Una incursión a lo invisible

  • Espacios ocultos de la capilla de San José, Santa Clara y la Catedral son desvelados en una tesis doctoral

Sobresaliente cum laude por unanimidad ha sido la calificación que ha recibido Tomás García García por su tesis doctoral leída en la Escuela de Arquitectura sobre los espacios ocultos de la arquitectura. En el estudio, dirigido por Francisco J. Montero Fernández, se han incluido tres edificios sevillanos, la capilla de San José, el convento de Santa Clara y la Catedral, junto a otros europeos, como la catedral de Notre Dame de París. La tesis doctoral, con el título de Cartografías del Espacio Oculto, se centra en el estudio y dibujo de lo escondido en la arquitectura, en la exploración de aquello que pertenece al ámbito de lo invisible, en lo subterráneo, en aquello que flota suspendido entre soberaos y cubiertas.

El propio autor confiesa que, "desde hace años, busco con obsesión estos espacios en los que la oscuridad viene de dentro, lugares en los que una luz negra emana del núcleo interior de la materia".

Esta especie de obsesión por los espacios ocultos ha derivado en un trabajo lleno sorpresas. De especial interés han sido los hallazgos realizados y el material elaborado en relación a la Catedral, el convento de Santa Clara o la capilla de San José en Sevilla. Una tesis doctoral internacional que, en palabras del tribunal, investiga lo universal desde la experiencia y el aprendizaje realizado por el doctorando en algunas arquitecturas de su ciudad natal, Sevilla.

Con una visión inédita de paralaje que modifica sustancialmente el punto de vista con el que habitualmente observamos las cosas, se desvelan espacios, materiales e inmateriales de extraordinarias posibilidades para la arquitectura. Es un ensayo, pues, sobre la creatividad, y su pedagogía, en el proyecto arquitectónico, y sobre una nueva forma de acercarse a ciertas arquitecturas para entender su verdadero significado.

El discurso del trabajo muestra de manera sugestiva los descubrimientos realizados, que van desde los "espacios negros" al "sonido de las sombras", pasando por, entre otros, "mapas para la desorientación" y "lo otro, la cara oculta". Así pues, relatos personales, experiencias compartidas, referencias provenientes de otros mundos y culturas… se presentan a través de la reflexión que avanza la narrativa de sus textos, el discurso de los dibujos y las fotografías realizadas por el autor en sus incursiones en la oscuridad.

Destacan tanto la singularidad y el carácter transversal de los casos de estudio como el conocimiento exhaustivo, resultado de la dilatada investigación de este archivo documental, entre los que resalta la Catedral de Sevilla. El relato se centra en la experiencia personal que supuso la deambulación libre por los intersticios de la Catedral de Sevilla. Una exploración iniciada en 1989, como estudiante de Arquitectura, y concluida en estos últimos años con motivo de esta investigación doctoral. Con la complicidad de Jaime Navarro Casas, arquitecto mayor de la Catedral, el doctorando se sumergió durante meses en tres tesoros ocultos: la pequeña escalera tallada en el muro de la Sala Capitular; el interior del Órgano de la Epístola, y la grieta junto a la Capilla de la Granada, límite entre las obras góticas y almohades. Tres dibujos inéditos con los que completar la planimetría oficial del edificio: un artilugio de luz, una máquina de vientos y un patio que captura sombras.

En el convento sevillano de Santa Clara, entre naranjos y una fuente de mármol, el doctorando ha descubierto un espacio secreto, una habitación oscura que no aparece dibujada en ninguno de los planos consultados. Hace tiempo las monjas del convento no eran enterradas. La cama donde dormían estaba compuesta de tres tablas longitudinales. Cuando morían, las dos laterales se giraban en vertical y en esa parihuela eran depositadas en un banco de fábrica, corrido a lo largo de las paredes del pudridero; una inquietante habitación que era tapiada después de cada entierro. Cuando se producía un nuevo fallecimiento, esta sala era devuelta al mundo visible, los albañiles abrían el cuarto y eran retirados los restos yacentes al osario común. "Hay días que aún parece oírse un murmullo de pisadas enterradas. Durante las semanas que estuve buscando este espacio, me quedaba paralizado tratando de descubrir su huella; detrás de qué pared encalada se encontraba este enorme secreto", detalla el autor.

El dibujo en planta de la capilla de San José en Sevilla muestra una desviación geométrica entre los límites de la parcela y el vacío interior ocupado por la iglesia. Entre ambas formas se han instalado durante años las dependencias de los hermanos Capuchinos, con una curiosa relación visual entre ambos espacios. Este lugar es una escenografía, es una piel de madera troquelada por la gubia, tras la que se esconde la intensa vida de sus habitantes. "Tras esta máscara, sagrada y oscura, se esconde otro espacio, un lugar lleno de actividad, un mundo rebosante de objetos domésticos, escaleras y habitaciones. Pocos saben que tras este lienzo sagrado, tras el dorado de su labra, hay un mundo oculto y humano, un espacio lleno de ojos que nos cuidan", describe el arquitecto.

En definitiva, un trabajo de años que va de lo local a lo universal, que no se queda en la mera presentación de sus hallazgos, para activarlos creativamente y devolver el resultado de la experiencia al archivo del conocimiento de la ciudad.

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