Un paseo por el XVI con Rincón y Cortado

  • Perfiles de Sevilla realiza un itinerario teatralizado con el padre del 'Quijote' como hilo conductor

A los pies de la estatua a Miguel de Mañara que hay en los jardines del Hospital de la Caridad se presentan Pedro del Rincón y Diego Cortado, los populares Rinconete y Cortadillo de la novela ejemplar homónima del Miguel de Cervantes. Se trata de la primera toma de contacto del público con estos singulares personajes que representan cómo fue su entrada en la Sevilla del siglo XVI por la Puerta de la Aduana -por la que se gestionaba el comercio de las Indias, del que la capital hispalense ostentó tal privilegio desde la citada centuria hasta la del XVIII-, según la obra cervantina. Dicha obra, sus protagonistas y los azulejos conmemorativos de las relaciones de la vida y obra de Miguel de Cervantes con Sevilla que se colocaron en 1916- con motivo del tercer centenario de la muerte del escritor- son los hilos conductores de la ruta teatralizada La Sevilla de Cervantes de Perfiles de Sevilla. Hoy, el recorrido se realizará partiendo de la mencionada escultura y a lo largo de dos horas y media de duración a partir de las 19:00. El pasado sábado 23 de abril, Día del Libro, la actividad se desarrolló de manera gratuita a través de una convocatoria organizada por el Distrito Casco Antiguo con motivo de tal efeméride, pues se cumplían además 400 años de la muerte del príncipe de los ingenios españoles.

Del fructífero binomio Sevilla y Cervantes, nació la novela ejemplar que centra la ruta, que guía la historiadora Isabel Aguilar López y que es interrumpida por Rinconete y Cortadillo en algunas paradas. Con las escenas de los pícaros se refleja la degradación moral de la época, que como explica Aguilar, perturbó a Santa Teresa de Jesús, quien visitó Sevilla apenas una década antes que Miguel de Cervantes, fundó en ella un convento y se marchó diciendo de la ciudad que era un infierno: una urbe donde el calor apretaba, los ladrones y los pícaros esperaban en cada esquina para sortear el ayuno, la prostitución estaba regulada, vivían gentes de numerosas nacionalidades y cuyos órganos de poder se gestionaban con dogmas corruptos.

Durante el recorrido, hilado por los azulejos conmemorativos por una decena de localizaciones del casco histórico, Isabel Aguilar se esfuerza por transmitir cómo era aquella Sevilla del XVI que conoció Cervantes y cómo se vivía en ella. Como sus órganos de administración, justicia y poder pasando por la Audiencia Real hoy sede de la Fundación Casajol, o por la Plaza Virgen de los Reyes donde estuvo el Corral de los Olmos -que fue Consistorio local antes del actual-, entre otras localizaciones. Según la guía, fue importante, por ejemplo, el conflicto de jurisdicciones. "De ahí que allá cadenas en la Catedral o el Archivo General de Indias, pues marcan la jurisdicción propia", señala Aguilar en las gradas del templo metropolitano, donde habla de la disputa entre el Cabildo Catedralicio y los comerciantes.

Perfiles de Sevilla descubre a un Cervantes que fue testigo de una Sevilla dual, tan grandiosa como grandilocuente, que, según parece, no dista mucho de la actual.

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