La villa de Adriano al descubierto

  • Ispavilia dirige al visitante por los rincones más emblemáticos del conjunto arqueológico de Santiponce a través de la actividad de interpretación patrimonial 'Descubre Itálica'.

"Y yo que creí que venía a ver piedras", exclama entusiasmado el pequeño Javier después de culminar con su familia la actividad Descubre Itálica. En ella, a lo largo de dos horas y media, el visitante conoce algunos de los detalles más sobresalientes del Conjunto Arqueológico de Itálica, sito en el municipio de Santiponce, de la mano de Ispavilia.

Paula, acompañada de sus padres, es una más del grupo de niños que se sorprendió de lo que esconden esas vetustas piedras. La excursión comienza a los pies del cardo maximus -la vía que atravesaba de norte a sur las poblaciones romanas- tras unas palabras de contextualización de Jesús Pozuelo, gestor e intérprete de la empresa cultural: "Vamos a pasear por la nova urbs". La vetus urbs fue fundada en el 206 a. C. por por Publio Cornelio Escipión y se presume que se encuentra enterrada bajo la actual Santiponce. De aquella ciudad, se puede visitar el Teatro Romano y las Termas que ostenta la localidad en su núcleo urbano. Ésta fue cuna del emperador Trajano y de su sobrino Adriano, quien llevó a cabo la ampliación de Itálica: los restos que hoy se pasean.

Sobre el cardo maximus, adultos y niños hacen el primer descubrimiento: el sistema de alcantarillado se heredó de los romanos. Y se sigue el rumbo por la calzada asfaltada con losas de Tarifa y admirando los arranques de pilares, que chivan al visitante que aquellos ciudadanos de la Antigüedad disfrutaban de soportales que resguardaban de la lluvia y el sol. "Parece mentira que se hicieran las ciudades mejor acondicionadas entonces que ahora", se le escapa a uno de los visitantes. Poco después, el grupo se aproxima a la Casa de la Exedra, donde, entre otros detalles sobre la forma de vida de aquellos romanos hispanos, se descubre el origen de la costumbre de tener los negocios en los bajos de las casas: las tabernae.

Durante el recorrido, la herencia cultural, además de la patrimonial, va seduciendo a pequeños y mayores. Uno de los primeros mosaicos ante los que se detiene Pozuelo es un opus sectile y lo hace por su valor material y artístico: "Este tipo de mosaicos, elaborados con placas de mármol, son menos comunes por su carestía. Cualquiera no podía tener uno en su casa". Sin embargo, los que más llamaron la atención de los pequeños fueron el de la Casa de los Pájaros, el de Neptuno o el de la Casa del Planetario, con las divinidades de las que se heredan los nombres de los días de la semana. Todos ellos víctimas de expolios selectivos, algo común en los siglos de abandono que sufrió este espacio.

A los pies de la copia de la escultura de Trajano -la original está en el Museo Arqueológico-, hay un momento para el descanso y para la contemplación. Desde este punto, uno de los más altos de la ruta, el guía aprovecha para explicar el proceso de divinización que Adriano emprendió sobre la figura de su tío, el emperador Trajano, proyecto que deja su huella en esta nova urbs que se visita. Por ejemplo, con el Traianeum, el magno edificio del que Pozuelo muestra una infografía para ayudar a la imaginación del grupo.

Dejando atrás las Termas Menores, donde se argumenta que probablemente además de las salas de agua hubo un complejo dedicado al ocio y al deporte, el grupo se dirige al anfiteatro para finalizar allí la visita. Este espacio dedicado al ocio tuvo capacidad para albergar a 25.000 espectadores, explica Pozuelo, mientras Javier le interrumpe para asegurar que él lo ha visto en las películas: "Aquí se hacían luchas". Para quien quiera averiguar más, sepa que esta cita es en Itálica con Ispavilia (ispavilia.com).

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