Ha llegado el frío para quedarse

Osos con chandal

Osos con chandal Osos con chandal

Osos con chandal

Odio el invierno. Así, sin paños calientes. Y puede que no sea la única que le tenga tirria a esta maravillosa estación.

Vale, sé que todavía es otoño y que el frío polar del ártico nos acompaña desde hace sólo una semana. Pero desde el lunes he comenzado mi particular cruzada contra los meses más gélidos del año. No es que quiera que sea eternamente verano -Dios nos libre de 365 días a 40 grados- es que el frío sólo tiene inconvenientes, os pongáis como os pongáis.

El invierno es una nariz permanentemente roja cual pimiento morrón, son manos como papel de lija, personas convertidas en cebollas -normal que en invierno parezca que padecemos sobrepeso- y tiritones que nos impiden hacernos ladrones de panderetas, por aquello de no hacer mucho ruido en el momento del delito.

El frío sólo trae consecuencias negativas. Los pocos rayos de sol que hay nos tornan la cara de un favorecedor color blanquecino, los vientos huracanados hacen que los labios se nos caigan a pedacitos y la corta duración de los días convierte a míster alegría en un cadáver andante. Todo mal. O incluso peor. Pero queridos, no es tan fiero el león como lo pintan.

El invierno son largas duchas calentitas con cristales empañados y mensajes cifrados, un brasero que actúa de imán y no te deja levantarte del sofá mientras ves una de las muy recomendadas películas de Antena 3 -nótese la ironía- y un tazón de sopa que te quema el gaznate pero que te saca los colores. Y, como una vez leí, el frío es bueno para tomar café, para acostarse, para hacer el amor, para que nos digan "tienes las manos frías", para fumar y para no salir del cuarto.

Pero, por encima de todas las cosas, el frío es bueno para ir vestida como una pordiosera, con batamanta incluida, cual oso en la cueva. Porque hay que reconocerlo, somos felices cuando nos colocamos el chándal del Mundial del 89 la rebeca con pelotillas y una manta paduana rodea nuestros pescuezos., Mucho más que disfrutando de los rayos de sol veraniegos en una colorida terraza.

Artículo publicado por Pilar Larrondo en todos los diarios del Grupo Joly

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