Mi armario cambia de temporada y mi cabeza de onda

Renovar(te)

Acumulamos trastos viejos que ocupan el espacio del presente. Acumulamos trastos viejos que ocupan el espacio del presente.

Acumulamos trastos viejos que ocupan el espacio del presente.

Aún tengo en el armario casi toda la ropa de verano, mezclada con las cuatro prendas necesarias para el frío que ya despunta. Cualquier día estalla, lo estoy viendo, porque no se puede acumular tanto, es perjudicial, por eso creo que ha llegado el momento de vaciarlo, limpiarlo y, lo más importante, de renovarlo. ¿Cómo? Pues tirando todas esas cosas que llevo ya unas cuantas temporadas sin ponerme y que están ahí cogiendo polvo. Probablemente me vengan grandes. Demasiado grandes.

La pena es el principal freno para sacar de nuestra vida cosas antiguas y así dejar paso a las nuevas. Pero pocas cosas son más terapéuticas que resfrescar el ambiente, pintarlo de un nuevo color y llenarlo de nuevas motivaciones. Sí, lo tengo decidido, hoy tiro todo lo que ya no me aporta nada y el saco que tengo preparado es enorme, lo suficientemente grande como para volcar en él todo aquello a lo que me he aferrado sin sentido alguno y que me transporta a un momento, a una etapa, que ni puedo ni quiero rescatar. Hoy mi armario cambia de temporada y mi cabeza de onda, porque la tengo tan llena de cosas inservibles que me creo que tengo mucho cuando en realidad no tengo nada, al menos nada que pueda utilizar de la forma más positiva.

Fuera este pantalón con bolsillos de militar que me ponía con 16 años, fuera este top por encima del ombligo que ponen una venda sobre mis 30 años. Y estoy decidida a que lo extrapolaré también a lo emocional, así que fuera ese rencor, ese odio o ese cariño inútil porque alguien que no nos quiso y si lo hizo lo hizo mal. Fuera todo lo que me vincula a un pasado que está enturbiando mi presente. Y mi futuro. Porque cuando tiramos lo viejo pronto lo rescatamos de la bolsa de basura por la pena y con la firme creencia de que coseremos esa cremallera rota o pegaremos ese botón sin caer en la cuenta de que nunca lo haremos. Límpiate y de paso acaba con ese síndrome de diógenes emocional que todos vivimos en menor o mayor grado. Y vete al centro comercial a comprarte prendas a la última moda o a buscar otras ilusiones.

Igual hasta las tienes en casa y con tanto viejo trasto ni te habías dado cuenta.

Artículo publicado por Gema Amil en Diario de Sevilla

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