Se cumplen 75 años del estreno de 'Historias de Filadelfia'

La diosa encuentra su humanidad

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La diosa encuentra su humanidad

Estos días se cumple el 75 aniversario del estreno -en Estados Unidos; a España no llegaría hasta 1944-, pero 'Historias de Filadelfia' sigue manteniendo la lucidez y no hay nada que desentone, transcurridas las décadas, en la película dirigida por George Cukor: el tiempo no ha mermado el encanto de un reparto irreemplazable -Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart, pero también una galería de secundarios únicos-, y aún deslumbra ese guión perfecto, la adaptación de Donald Ogden Stewart de la obra de Philip Barry, plagado de diálogos punzantes y personajes complejos.

El retrato de una mujer de la alta sociedad, la orgullosa y distante Tracy Lord, que en los días previos a su boda encuentra su humanidad y empieza a comprender que en las flaquezas de carácter y en los errores radica la vida, se convierte gracias a la mano maestra de Cukor en uno de los triunfos más felices de la historia del cine: una comedia tan mordaz como honda, que hurga bajo su apariencia sofisticada en asuntos más graves como la lucha de sexos o los desencuentros entre clases sociales.

El éxito obtenido por Historias de Filadelfia fue, ya se sabe, una conquista personal de Katharine Hepburn. Aunque la intérprete ya contaba con un Oscar de los cuatro que ganaría a lo largo de su carrera, el que obtuvo por Gloria de un día (1933), la etiqueta de veneno para la taquilla la perseguía tras varios fracasos consecutivos, entre ellos la legendaria La fiera de mi niña. Hepburn halló un refugio en la obra de su amigo Philip Barry, que llevó a escena en Broadway junto a Joseph Cotten y Van Heflin, y más tarde se hizo con los derechos para su adaptación al cine, ayudada por su ex pareja Howard Hughes.

Hepburn, que gracias al contrato que firmó con la Metro Goldwyn Mayer podía decidir sobre el equipo de la película, embarcó a dos viejos aliados como Cukor, con el que ya había hecho Doble sacrificio, Mujercitas, La gran aventura de Silvia y Vivir para gozar -otro texto de Barry-, y a Cary Grant, con el que ya había demostrado su complicidad en los dos últimos títulos y en La fiera de mi niña.

Grant era una elección incontestable para dar calidez a C. K. Dexter Haven, ese ex marido cínico que había arruinado el matrimonio con su debilidad por la bebida. El papel de Macauley Connor, el escritor que subsiste como periodista de cotilleos, recayó en James Stewart, un intérprete que ya empezaba a ser querido por la audiencia gracias a sus trabajos con Frank Capra, Vive como quieras y Caballero sin espada, y que el mismo año de Historias de Filadelfia estrenaría otra joya como El bazar de las sorpresas, de Ernst Lubitsch. Ruth Hussey, como Elizabeth Imbrie, la fotógrafa de la revista que acompaña en sus reportajes y ama en secreto a Connor, y John Howard, como George Kittredge, el prometido de Lord, el hombre del pueblo satisfecho de haber ascendido hasta las altas esferas pero receloso ante las excentricidades de los privilegiados, completan un reparto en estado de gracia.

James Stewart ganó uno de los dos Oscars con los que se alzó Historias de Filadelfia, galardonada también con el premio al mejor guión adaptado. El propio Stewart manifestó su sorpresa: competía nada menos que con el Charles Chaplin de El gran dictador, Henry Fonda por Las uvas de la ira y Laurence Olivier por Rebeca. Quizás a la Academia -que ni siquiera consideró a Cary Grant- le pesaba no haberlo galardonado el año anterior por Caballero sin espada. Katharine Hepburn perdió frente a una rival de menos talento, Ginger Rogers. Pero no importaba: la actriz de La fiera de mi niña se había reencontrado con el público, y le esperaban un sinfín de proyectos para demostrar, como su personaje, que no era una diosa altiva sino una actriz de una maravillosa humanidad.

Braulio Ortiz

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