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Una nueva generación de diseñadores conquista Milán

Stella Jean. / WE Stella Jean. / WE

Stella Jean. / WE

Giorgio Armani pone la guinda a sus 40 años de trayectoria: el 1 de mayo, el diseñador abrirá su propio museo en Milán y, la víspera, lo celebrará junto a invitados selectos coincidiendo con la inauguración de la Exposición Internacional, de la que es embajador especial. Con seguir sus pasos sueñan seguramente Stella Jean, Marco de Vincenzo o Massimo Giorgetti, pues ellos encarnan actualmente las grandes promesas de la moda italiana. Y ésta lleva mucho tiempo esperando al nuevo Armani. Que el sector se preocupe por la renovación generacional no es de extrañar. Hoy en día, el faro de la escena milanesa se llama Miuccia Prada, y tiene 65 años. El propio Armani cumplirá 81 este verano y el último gran debut de una marca con nombre mundial lo lograron Dolce & Gabbana... en 1985. En aquel entonces, Stella Jean tenía apenas cinco años. Pero ahora, la romana es considerada por los expertos como uno de los nombres a los que les espera una gran carrera. Su estilo, en el que traslada los colores y motivos de culturas lejanas a los cortes occidentales, ya se ha ganado el reconocimiento del sector. Para Stella Jean, se trata de algo más que un bonito envoltorio: "La moda es mi forma de expresión para expresar que la multiculturalidad enriquece tanto cultural como humanamente. Y tengo la esperanza de que un día, ese reconocimiento sea patrimonio común". Hija de un hahitiano y una italiana, la diseñadora fue discriminada de niña por el color oscuro de su piel. En un principio, estudió Ciencias Políticas, y llegó a la moda de manera autodidacta. No obstante, también como diseñadora hace política: coopera con la Ethical Fashion Initiative y entre otros contrata a microempesarias en Burkina Faso. Sobre el futuro de la moda italiana, Stella Jean se muestra optimista y cree en una especie de renacimiento. "Los jóvenes diseñadores hemos recibido un legado creativo, cultural y artesanal de valor incalculable. Y siento en todos nosotros la voluntad de cuidar y renovar ese legado. Y para ello estamos recibiendo el apoyo de nuestros grandes corifeos". En su caso, este "corifeo" es Giorgio Armani. Desde hace dos años, el diseñador pone a disposición de Jean su teatro para que ésta presente sus nuevas creaciones en la Semana de la Moda de Milán. En 2011, la modista estuvo entre las finalistas del concurso de promesas Who is on next (quién es el próximo), detrás del que se sitúan varias instituciones italianas del sector. También Marco De Vicenzo triunfó en aquel concurso en 2009. A sus 37 años, el siciliano ama por un lado las formas sencillas y claras y, por otro, los ornamentos innovadores. "Me gustaría reinventarme permanentemente y asumo con gusto el riesgo", afirma resumiendo su filosofía. De Vicenzo comenzó su carrera como diseñador de accesorios para la lujosa casa romana Fendi, una actividad que sigue manteniendo y que le garantiza unos ingresos fijos, además de holgura financiera para sus proyectos propios. Y es que el dinero es muchas veces el criterio por el que fracasan muchos talentos prometedores. Una marca necesita financiación para abrirse camino, e Italia es un país tocado por la crisis. De Vicenzo tiene la suerte de que el poderoso grupo francés LVMH creyó en él y posee participaciones en su empresa. "Este compromiso me da más credibilidad y estabilidad. Así puedo concentrarme más en la parte creativa, pues al final, la identidad estilística es la clave del éxito a largo plazo". También Massimo Giorgetti, nacido en 1977, ha imprimido a su marca MSGM un perfil propio. Sus coloridos estampados entusiasman sobre todo a los más jóvenes y actualmente asume en paralelo la dirección creativa de la casa florentina Emilio Pucci. Un paso así se considera un espaldarazo para un debutante, aunque para Giorgetti supone también una carga doble. Y en casos similares, sufre el desarrollo de la propia marca. Con todo, este tipo de empleos no son frecuentes: la moda italiana está muy marcada por las familias como los Etro o los Missoni, y a menudo los puestos importantes se heredan. Quienes no quieren trabajar de por vida en segunda fila sólo encuentran la salida de crear su marca propia o irse a París, donde encontraron el éxito algunos grandes talentos italianos. Una fuga que parece haber cesado: la moda milanesa se mueve, y entre sus nuevos guardianes figuran también nombres como Fausto Puglisi, que con su mezcla de barroco y rock recuerda al primer Guianni Versace. O al ya establecido dúo Aquilano.Rimondi, que cultiva una refinada elegancia. Quizá, entre todos estos nuevos diseñadores, se encuentre finalmente el nuevo Armani. Axel Botur (DPA)

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