MODA FLAMENCA

Cuando el taller de diseño bulle

  • Pablo Retamero y Juanjo Bernal, Carmen Acedo y Ángela y Adela afrontan el tramo final de We Love flamenco con muchos nervios y un excedente de trabajo que se extiende a todas las horas del día

Encarar la recta final de We Love Flamenco supone dedicación casi absoluta. Entre el crepitar de las máquinas de coser y los restos de tela, se amontonan algunas faldas donde ya se vislumbran conformados algunos volantes, entre las bobinas de hilo o los adornos que posteriormente formarán parte de los vestidos de las nuevas colecciones, que se exhibirán del 10 al 14 de enero en el Hotel Alfonso XIII, se mueven con soltura los creadores mimando cada detalle para que nada falle durante esos días.

En el taller de Carmen Acedo, situado en Triana, nadie se detiene, a pesar de que Wappíssima haya invadido su rutina. La marca, encarnada en la propia Carmen, lleva más de once años confeccionando trajes de flamenca, aunque sus orígenes se remontan a los años 80. El equipo, que no cesa ni un segundo en sus actividades, deja muy claro el espíritu de los días previos al desfile. “En esta nueva colección nos encontraremos muchas flores. Suelo trabajar con tejidos como las gasas, satenes y linos, sobre todo con los tejidos más naturales", explica con ilusión Carmen.

La flamenca de Acedo es la flamenca de siempre que disfruta de la feria y luce su traje bailando por sevillanas. “Innovo, pero me gusta seguir un aire clásico. Tengo muchos vestidos canasteros, montados para que tengan movimiento, y aunque lleven muchos metros de tela, éstos no se quedan rígidos. Tejidos más livianos porque son muchas horas y porque la mujer tiene que ir muy guapa y no se le tiene que ver cansada”, cuenta la diseñadora.

La misma actividad frenética encontramos en la Cuesta del Rosario. Allí Pablo Retamero y Juanjo Bernal tienen ubicado su atelier, desde donde se confeccionan las maravillosas piezas que crean estos dos diseñadores. “En 2018 vamos a tener muchos volantes porque nuestra inspiración de este año ha sido Lola Flores”, indica Pablo. Una idea, la de este homenaje a la gran Lola Flores, que surge de un hecho que les inspiró casi casualmente. Fue tras acudir al espectáculo flamenco "La Niña de la Venta”, de Fernando Soto, que ha cosechado éxitos en teatros como el de La Latina en Madrid, y que rinde tributo a la figura de la artista jerezana. Tras disfrutarlo decidieron dedicar su colección a la cantante. Una figura poderosa que sigue siendo fuente de inspiración para artistas de diferentes disciplinas.

En la nueva colección, llamada 'Lerele', habrá muchos tipos de cortes: canasteros, microvolantes, talles muy altos, faldas muy largas, enaguas muy repujadas de mucho, mucho color. “Estamos muy nerviosos porque cada año nos intentamos exigir un poco más a nosotros mismos, y hacemos colecciones aún más trabajadas que las anteriores”, declara Retamero.

Las manos de su equipo no paran quietas, cada minuto cuenta en la que es la recta final antes de que llegue enero. “Aunque el taller trabaja 8 horas nosotros no tenemos horas en el día; hay días que son las dos o las tres de la mañana y aún estamos aquí. A pesar de que empezamos la colección muy adelantados, puesto que la pensamos en marzo o abril del año pasado, siempre te faltan horas. A nosotros además que vivimos por esto nos encanta trabajar muchas horas. Nos pesa, pero nos encanta”, explica con ilusión el diseñador. En cuanto a las sorpresas que podremos ver en la pasarela de We Love Flamenco se muestra esquivo. Nada se desvela, pero sí asegura que sin perder la línea que llevan haciendo durante varios años van a meter algunas ideas nuevas, un estilo un poco más flamenco sin perder ese viraje hacia la alta costura.

Una flamenca de calle. Que va a la feria y que quiere ir cómoda, con su toque de diseño, pero ponible. “Mil patrones, mil tipos de tejidos. Mucho algodón, mucha seda, vigoré, tul... Este año siendo Lola además hay un torbellino de colores y patrones. "Como ya sabéis en todas las colecciones que hemos presentado hasta ahora no hay dos mangas iguales, no hay dos faldas iguales, son 36 modelos diferentes e irrepetibles”, matiza Retamero.

"Habrá vestidos canasteros, microvolantes, talles muy altos, faldas muy largas y enaguas muy repujadas"

Doblando la céntrica cuesta, otras de las marcas que desfilará en We Love Flamenco da la bienvenida al visitante en uno de los recodos de la calle Luchana. Allí, Ángela y Adela trabajan junto a su equipo en 'Musas del Sur'. Una colección que surge casi en consonancia con su precuela 'Musas' dedicada únicamente a la moda nupcial y que se presentó en la pasada edición de Pasarela del Sur. En este trabajo dedicado a los seres que nos inspiran “vamos a encontrar unas líneas mucho más modernas, renovando mucho las estructuras de las faldas, que están confeccionadas con mucho movimiento y vuelo”, declara la pareja de creadoras. Una de las premisas que siempre han tenido en cuenta es que sus creaciones sean vestidos que pesen muy poco. Es por eso, que usan combinaciones de tejidos como “la seda con algodón o la seda únicamente”, explican.

Las dos mujeres aprovechan todas las horas que hay en el día para avanzar en su colección. En su taller disponen además de un equipo que también trabaja en complementos pintados a mano con esmerada minuciosidad. “La gran mayoría de los días salimos del taller a las 10:30 o a las 11:00 de la noche. La familia también lo sufre, pero es muy gratificante y cuando te gusta tu trabajo no te fijas en las horas que le dedicas porque el tiempo vuela”, declara Ángela.

“No estamos nerviosas, puede que estemos hasta más tranquilas que otras veces, y mucho más seguras”. Cada año se dan unas características diferentes y en este caso llevamos la colección mucho más adelantada que otras veces. Hemos tenido algunos cambios, de algunas cosas que hemos tenido que modificar sobre la marcha y, sin embargo, todo ha fluido de tal manera que estamos relajadas". Más bien ansiosas, "¡como si fueran los reyes!”, bromean.

Serán pasadas estas fechas cuando se pueda disfrutar de todo este trabajo, de todas estas horas e ilusiones dispuestas para que todo salga perfecto, cuidando cada detalle para que nada falle. La visualización de todo lo que no se ve, del esfuerzo que hay detrás, de las horas de más, de todas las emociones y empeños que una vez recibidos los aplausos del que asiste a estos desfiles, queda recompensado. Una especie de recompensa previa que luce con mucho más esplendor cuando llega el mes de abril y sus creaciones dan mucho más color, si cabe, a la Feria.

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